22 Toda clase de preocupaciones giran alrededor de mi cabeza. Respiro profundo. Intento dejar todas las preocupaciones a un lado y concentrarme en lo que está pasando. —¿Mamá? —mantengo mi voz baja y en calma. Lo que realmente quiero hacer es acurrucarme debajo del asiento para estar lo más lejos de ella cuando explote de verdad. Pero esa no es una opción. Le ofrezco una botella de agua. —¿Quieres un poco de agua? Me mira como si estuviera loca. —¡Deja de beber eso! —me la arrebata y la guarda debajo de su asiento—. Tenemos que conservarla. Sus ojos revisan todos los rincones de nuestra cárcel. Su desesperación es evidente en cada surco de su rostro arrugado: es la imagen de la ansiedad. Siento que cada día hay más líneas entre sus cejas y alrededor de su boca. El estrés la está ma

