El lunes no hicimos nada más, nos quedamos en el salón relajadas hablando. ¿Qué más podíamos hacer? Todas necesitábamos asumir las cosas que estaban pasando en nuestras vidas. Siempre me había reído de la gente que decía lo mucho que te puede cambiar la vida en una semana, pero esta vez, creo que la vida cambia demasiado rápido, y no se si me gusta o lo odio. No me gusta mi vida, es algo que no voy a negar, me desagradaba el hecho de ser una incubadora humana, esa persona a la que su familia la única utilidad que veía era tener bebes, como una fotocopiadora que sacaba a mini Victorias y Richards de sus partes intimas. No era divertido. Mire a mi techo, y note que alguien se tumbo encima de mi. —¿Qué quieres?—pregunte sabiendo perfectamente que era Amanda quien se tumbo mejor encima mí

