El miércoles, tenía la maldita gala del demonio a la que tenía que ir si o si, para evitar morir o que me arrancaran algo de mi cuerpo, desde cortarme los ovarios hasta lanzar mi estomago al mar, cualquier cosa era pequeña para la locura de mi familia. —¿Segura que no quieres que te acompañemos?—me pregunto Amanda, Salí de mi trance y mire a mi espejo para ver como me quedaba el vestido verde. —Si voy con alguien creerán que no puedo con ellas—les dije. Amanda estaba tumbada en mi cama mirándome mientras que Amanda estaba sentada en mi silla del escritorio. —¿Segura?—me pregunto Bianca y la mire. —Si—les dije. Mi familia era muchas cosas, pero de lo que estaba segura era de que en publico no me harían nada, no eran idiotas, podrían tratarme mal entre las cuatro paredes de mi casa,

