Capítulo 3. Lectura del testamento

900 Palabras
Se abre el elevador en el piso al que voy, y como sigo con los ojos cerrados, de repente siento una mirada en mí. - Un dólar por tus pensamientos- esa voz otra vez, que hace que me muerda mi labio inferior, pero para mí mayor sorpresa, al abrir los ojos inmediatamente después de escuchar su voz y de morder mis labios, él está a pocos centímetros delante de mí, con sus manos en los bolsillos, ha detenido el elevador y las puertas se han cerrado, no creí tardar tanto en ubicar mi posición. - Si continúas haciendo eso- saca la mano derecha de su bolsa y lleva su pulgar a mis labios y los roza suavemente - me vas a obligar a besarte y como supongo que sabrás deliciosa, no me voy a poder contener y querer más- sin poder reaccionar y pensar, instintivamente sale un gemido de mis labios, a lo que él sonríe, sus grisáceos jamás dejaron de verme, mi postura es abrazando los papales hacia mi pecho con mis brazos cruzados, mi tobillo derecho casi doblado y mis labios ligeramente abiertos. En eso alguien abre la puerta desde afuera, y comienza a entrar, aprovecho para colarme por un lado y salir. Alexandre POV Mi padre ha sido amigo, abogado y confidente de Agatha Fayolle, desde tengo uso de razón, ella fue como mi madre, después de que falleció mi mamá biológica, la cuál no conocí más que en fotos, es por eso que le guardo amor y respeto. Fuí su cómplice mucho tiempo, desde que tenía 13 años, cada año, está misma fecha, asistía a un parque, por un tiempo pensé que le gustaba el parque, luego me di cuenta que ella buscaba a una persona, a ella, la niña más hermosa que he visto jamás, así que la acompañaba a verla y con gusto lo hacía, hasta que le perdimos rastro, pero un investigador privado la localizó, Agatha me pidió que siempre supiera su paradero, y así lo hice a través del investigador privado, pero ya no la volví a ver, me dediqué a mis estudios y después a la firma de abogados de mi padre, así es seguí los pasos de quién me enseñó todo de este mundo. Por mucho tiempo reprimía las ganas de ir a buscarla, pensé jamás volverla a ver, hasta hoy, en la misma fecha, pero en mi oficina, en el estacionamiento del edificio donde se encuentra mi firma de abogados, esperando el ascensor. En un principio dudé, obviamente ya no era la niña que conocí, ahora era una mujer, y una muy hermosa, una diosa capaz de quitar el aliento a cualquier mortal, la ví, y lentamente me acerqué, vi que ya había solicitado el ascensor, y rápidamente llegó y se abrió la puerta,pero ella no se movía, tenía los ojos cerrados así que detuve la puerta, y pregunté: -Señorita ¿va a subir al elevador? - apenas salió mi voz, estaba nervioso, pero emocionado por tenerla frente de mí, me contuve de abrazarla, apretando mi puño dentro de mí bolsillo del pantalón, y sosteniendo la puerta con la otra. - Sí gracias - nunca había escuchado su voz, esas voces, con ese timbre adecuado que te cautivan cuál sirena, en ellas están basadas esas historias, por los que se han perdido en esas notas, perdido la capacidad de pensar y de ser con tal de tener a esas sirenas en los brazos. Tomo los controles del ascensor, ni siquiera le pregunto a dónde va, ya que lo sé, hoy es la lectura del testamento de Agatha, y además tiene el sobre con el logo, y mi apellido Bernard , al cerrar las puertas quedo frente a ellas y el reflejo de la puerta con espejo me deja admirarla, aunque se encuentra de brazos cruzados con el sobre cubriendo a pecho. Veo como me observa, creo que le gusta lo que ve, aunque nunca me habían observado como ella lo hace. Así que hago lo mismo, la veo, cabello castaño claro, de largo medio, ondas naturales, cejas delineadas, ojos color miel, labios carnosos, con el corazón de su labio superior marcado, rosados y facciones finas, unas pecas suaves, y esas caderas, curvas de infarto.En eso ve mi rostro y se encuentra con mi mirada, le respondo con una sonrisa de lado, se sonroja y cambia de posición y fija su mirada en el piso y pierde el balance, pero se sostiene y recupera su postura. Ya hemos llegado pero no se da cuenta, así que detengo el ascensor. - Un dólar por tus pensamientos- está vez no me resisto y me acerco a ella y comienza a morder sus labios, me provoca - Si continúas haciendo eso- y no aguanto y saco mi mano derecha de la bolsa y llevo mi pulgar a su labios y los rozo suavemente - me vas a obligar a besarte y como supongo que sabrás deliciosa, no me voy a poder contener y querer más- le digo sin dejar de tocar sus labios y sale un gemido de ellos, me sonrío, sé que también la provoco, y no puedo quitar la mirada de ella. En eso alguien abre la puerta desde afuera, y comienza a entrar, aprovecha para pasar por un lado mío y salir. Por el momento se escabulle de mí, pero no sabe que a donde corre, me va a encontrar.
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