Mientras repasaba sus notas, el anillo que guardaba en el bolsillo comenzó a calentarse. Soulind lo sacó rápidamente, alarmada. La piedra verde brillaba con una luz propia, más intensa que nunca, y pulsaba rítmicamente, como un latido. —Valerius —llamó—. Despierta. El anillo… El dragón abrió los ojos de inmediato, alerta. Al ver el anillo, su expresión cambió. No era miedo. Era reconocimiento. —Ella —dijo, y su voz tembló—. Mi esposa. El anillo la llamaba cuando ella se acercaba. Cuando estaba cerca. Cuando… —Se detuvo, confundido—. Pero ella ya no está. Murió. Lo recuerdo. Murió en el ataque. —Entonces, ¿por qué brilla? —preguntó Soulind. Valerius guardó silencio un largo rato, sus ojos fijos en la piedra palpitante. Cuando habló, su voz era apenas un susurro. —Porque algo de ella

