Los Más Antiguos Enemigos
Un joven castaño y regordete iba caminando por la calle de camino a visitar “la mansión Aldrich” donde se dice que Lady Aldrich había asesinado a todos los sirvientes de la casona.
Este joven jamás se animó a contárselo a nadie por miedo a que lo trataran de “bicho raro”, pero la verdad es que siempre le han encantado las historias de asesinos y los cuentos de horror, todo lo que tenga que ver con lo sangriento y/o sobrenatural Y dirigirse al sitio turístico, donde se dice que el espíritu de Lady Aldrich atormenta a quien visite la mansión pasada la media noche, es su nueva pasión.
Se dirigió a la entrada principal de la casona, creyendo que a esas horas ya no quedaría nadie, pero allí parado frente a una ventana dándole la espalda mientras miraba el interior de la casa, se encontraba un muchacho joven y alto, completamente vestido de n***o.
El joven castaño se preguntó: ¿porque ese muchacho andaría tan tarde por estos lares? Y llego a la conclusión de que quizá estaba ahí por el mismo motivo que él: fanatismo por lo bizarro, por lo que se permitió hablarle.
Grave error…
- Ah, hola – dijo tímido pero con tono seguro, el muchacho no volteo – amm, ¿también estás aquí por ella? ¿Pamela Aldrich?
Finalmente el desconocido giró el rostro hacia el hablante y el castaño pudo ver bien su rostro alargado de rasgos asimétricos, su barbilla partida, su nariz larga y delgada, sus pómulos marcados, sus labios rosados y regordetes, sus brillantes y enormes ojos verde manzana con dos hileras de largas pestañas custodiándolos y como toque final, su cabello rubio opaco peinado a los lados con un brillo y volumen envidiables.
Era sin duda un joven dotado en belleza física.
- ¿Me estás hablando a mí? – pregunto el desconocido en tono calmo.
- Sí – respondió un poco nervioso el castaño – am, ¿también quieres conocer la mansión Aldrich?
- No – respondió el rubio indiferente – solo estoy viendo – dijo y empezó a caminar dándole la espalda al castaño.
- ¿También te interesa la historia de Pamela Aldrich? – pregunto el joven castaño.
- Podría decirse que soy fan – respondió el extraño sin dejar de mirar la casa.
- ¡Yo también! – dijo el primero extasiado – pienso que su historia fue demasiado injusta, porque todos decían que era una mujer muy dócil y además, ¿Por qué asesinaría a las mismas personas que le servían? No sé, para mí fue todo un invento de su primo para quedarse con la fortuna.
- Oh no, ella sí los mató – dijo tranquilo el rubio opáco.
- ¿De verdad crees eso?
- Claro, se notaba en su mirada. Era la mirada de una asesina serial – dijo y como demostración miró al castaño de una forma que le erizaría la piel a cualquiera.
- Wow, buena demostración – dijo el muchacho inocente, sin tener idea de con quien estaba hablando - ¿sabes? Me llamo Víctor.
- Qué bien – dijo el rubio y siguió en su antigua tarea de mirar la casa.
- ¿Y, cuál es tu nombre? – pregunto Víctor inocente.
- Una vez más el desconocido volteo a la persona con la que hablaba – me dicen Jack – respondió en tono neutro y una pequeña sonrisa ladina que ocultaba malicia.
- Jack, ¿diminutivo de Jackson? – preguntó Víctor aun en tono amable.
- No – respondió simple el rubio sin quitar esa maliciosa sonrisa.
- Pero y ¿de dónde vienes? Porque jamás te había visto por aquí…
- Mi padre estará decepcionado – dijo Jack de la nada.
- ¿Qué? ¿Por qué? – pregunto Víctor.
- Él siempre me dijo que no debía jugar con mi comida – dijo y puso una mano en la mejilla de Víctor, por lo que este se apartó rápido.
- ¡Wow! No me toques, yo no te toque – dijo nervioso el joven mientras trataba de ser “amable” justo antes de que el misterioso Jack estampara sus manos en ambas mejillas del joven sobresaltándolo, entonces abrió su boca y Víctor sintió como poco a poco algo era succionado de su cuerpo.
Aquello subía por su garganta hasta llegar a su boca, pero no iba a vomitar… era algo más. Cuando finalmente aquello lo abandono Víctor pudo verlo: era como un humo de color azul brillante y en el medio una pequeña bolita azul de ¿energía? Lo cual entraba por la boca de Jack y desaparecía por su garganta.
Cuando terminó, Víctor se sintió diferente, como si todo lo que antes le gustaba o le importaba ahora solo fueran hojas en blanco. Sentía que la vida no importaba y nada en ella tenía sentido, ¿qué le había hecho?
- ¿Qué-qué me hiciste? – preguntó Víctor.
- Está bien, solo removí algo que no extrañaras, créeme – dijo y puso una palma en el hombro del castaño – ahora ve a tu casa a dormir y mañana esto habrá sido solo un mal sueño. Ve a casa estarás bien.
- Una vez que el castaño bajó los últimos escalones saliendo del terreno Aldrich, Jack giró hacia la mansión e hizo un gesto de aprobación - fue el lugar de un homicidio múltiple – se encogió de hombros y abrió la puerta dispuesto a entrar, justo cuando sintió algo acercarse.
Víctor, caminaba sin ánimos de vuelta a su casa, tratando de dilucidar qué le había hecho Jack o más bien que le había “removido” cuando escuchó el batir de unas alas. Miró al cielo buscando algún pájaro pero no vio nada, en eso sintió que chocó con alguien.
- Oh, perdón – dijo sin sentimiento al extraño con el que se había topado ahora: largo y sedoso cabello rubio mostaza. Encantadores ojos azul cielo y luego estaban sus labios: finos pero carnosos y de un ligero y tentador tono rosa. Su rostro era como si reflejara ternura, belleza y de alguna forma, inocencia. Era igual a un niño.
Un niño muy bonito.
- Oye, ¿estás bien? – pregunto el nuevo desconocido.
- Amm… yo… creo que no – dijo Víctor mirando hacia atrás por donde había venido y regresando su vista al segundo desconocido que veía en la noche.
- Está bien, déjame llevarte a tú casa – se ofreció el chico poniendo una mano en la espalda de Víctor para que avanzara – y tú, ¿tienes nombre?
- Víctor – respondió este desganado.
- Yo soy Mark – dijo el forastero y desvió su mirada hacia atrás, más exactamente hacia el final de la otra calle donde se encuentra la mansión Aldrich. Allí se encontraba Jack tan solo asomado en la puerta como un demonio que acecha entre las sombras y tan sólo le dedicó una sonrisa ladina al recién llegado antes de cerrar.
.
Pasados diez años luego de su primer encuentro, Mark ahora siendo un atractivo joven de veintiséis años, se vio obligado a volver a la ciudad de Nueva York, más específicamente al barrio Cambria, donde aún yace intacta la mansión Aldrich. Regresó al pequeño barrio luego de haberlo abandonado hacía diez años exactamente, luego de que creyera que su “misión” había sido completada.
Estaba de regreso en la Gran Ciudad porque sus superiores le habían hablado de algo que ocurrió en ese barrio hacía no mucho: una joven falleció luego de dar a luz a una bebé, aunque por supuesto eso no tiene nada de extraño, lo único sería el símbolo que encontraron y que se repetía en el cuerpo de la mujer: una equis encerrada en un círculo. Estaba en sus muslos y vientre bajo, zonas donde nadie los vería.
- ¿Y usted qué piensa? – preguntó Mark a la doctora forense.
- No lo sé… - dijo la doctora con un suspiro – jamás había visto algo parecido. Las cortadas son profundas y desprolijas, fueron hechas con ira o desesperación; eso y las zonas en las que fueron hechas… me vienen muchas preguntas a la mente.
- ¿Y cuáles son las respuestas?
- ¿Cómo saberlo? Murió en el parto desangrada, llegó sola al hospital, la atendieron de inmediato, no dio su número ni su dirección, los médicos intentan localizar a algún familiar o a alguien que la conozca pero, lo único que saben es que su nombre era Lyra McKintosh por su identificación, nada más.
- ¿Y el padre de su bebé?
- Esa es una excelente pregunta. Parece que no tiene o no quiere presentarse – dijo la forense. Mark miró las marcas un momento y preguntó.
- Dijo que los médicos intentaban contactar con sus familiares, ¿les importará si los ayudo? – preguntó el rubio a lo que la forense solo se encogió de hombros.
Luego de intentar en vano hallar algo con la forense y sin más que añadir, Mark se dirigió a la oficina de control del hospital para hablar con el director.
- Agente… ¿Bieber? – preguntó el director del hospital con un notorio gesto de extrañeza al ver la placa de Mark.
- Es un apellido más común de lo que parece – fue lo único que Mark respondió mientras la guardaba en el bolsillo de su chaqueta.
- Claro. Y ¿en qué podemos ayudarlo? – preguntó el director.
- La joven que tienen en la morgue. La chica con los símbolos extraños en la piel.
- Sí, ella. Es horrible lo que le pasó.
- Así es, por eso mis superiores me enviaron aquí a investigarla. ¿Encontraron a algún familiar?
- No, aun no pero, dígame: ¿Por qué al FBI le interesa un c*****r con cicatrices en él?
- Exactamente por eso, creen que podría tratarse de un asesino suelto – dijo Mark mientras andaba distraído.
- ¿Un asesino? – el doctor se detuvo abruptamente – pero si murió en el parto, desangrada.
- Es una hipótesis… - dijo Mark al darse cuenta de lo que había dicho – de un posible psicópata. Usted sabe, esos… dementes… adoradores de satán.
- Sí, claro – dijo el doctor reanudando la marcha hasta su escritorio – aunque cabe la posibilidad de que ella misma haya sido la adoradora.
- Es lo que pienso averiguar – dijo sentándose en la silla frente al escritorio del director
- Bueno, puede empezar por esto – dijo y le entrego una agenda con algunos números, uno de ellos estaba tachado – son los posibles familiares de la joven. Digo “posibles” porque ninguno contesta.
- ¿Por qué este es el único que está tachado? – preguntó Mark apuntando al número.
- Porque fue el único que respondió y colgó. Podría ser el padre del bebé.
- ¿Por qué lo dice?
- Porque el idiota colgó justo después de que mencionara el nombre de la chica.
- ¿Le molesta si lo intento? – preguntó Mark a lo que el doctor le hizo un ademán de que lo intentara. El rubio sacó su teléfono y marcó el número, luego de tres bips, una voz mortalmente familiar se escuchó por la bocina.
- ¿Asunto? – respondió aquel individuo a quien no había visto en diez años, creyendo que su misión había sido cumplida con éxito.
- ¡¿Jack?! – preguntó incrédulo, a lo que se formó un silencio incómodo, expectante. Incluso el doctor había dejado de teclear en su computadora para prestar atención a que contestaría el otro individuo.
- Maldición – fue todo lo que se escuchó antes de que colgara, por lo que Mark se levantó rápidamente de la silla.
- Espere, espere, espere, ¿usted lo conoce? – preguntó el doctor levantándose de su asiento también.
- Desgraciadamente, sí – dijo Mark guardando su teléfono y saliendo de ahí - gracias por su ayuda, pero desde aquí seguiré solo.
.
Hacía años que no venía a esta casa maldita y la última vez que lo hizo pensó que sería la última. Mark, se acercó a paso lento hacia la entrada de la mansión Aldrich y una vez al pie de esta sintió esa presencia una vez más, la presencia de algo poderoso y casi…
- ¡¿Vas a pasar o te quedarás ahí como vaca en carretera todo el día?! – preguntó la voz de Jack desde adentro de la casa.
- ¡No creí que después de tanto tiempo…! – respondió Mark de vuelta girando la perilla para abrir la puerta - ¡sabrías que soy yo!
- ¡Me vi “forzado” a diferenciarte de los demás la última vez que me visitaste! – dijo Jack en alguna parte de la casa mientras Mark avanzaba por el pasillo principal.
- ¿Otros? ¿Hubo otros? – le habló a la nada.
- ¿Tú qué crees? – respondió la voz de Jack – cuando alguien es una amenaza para ustedes se lo toman muy en serio.
La casa estaba demacrada, destruida y llena de polvo, moho y suciedad por todas partes. Mark avanzaba y veía el salón principal con las paredes rotas, el papel tapiz caído y con manchas de humedad, los muebles desgastados y llenos de polvo, el candelabro con apenas unas diez piezas de cristal y mil telarañas y el piso de madera crujiendo a sus pies. Era sin duda una casa perfecta para espantar a alguien. Justo el tipo de casa que “alguien” o “algo” como Jack querría habitar.
- ¿Vamos a conversar como adultos o seguiremos jugando a las escondidas todo el día? – pregunto Mark a la nada, cuando el gran estruendo de las puertas del salón cerrándose con fuerza lo sobresaltó y le hizo girar hacia atrás.
- No lo sé, tú dime – respondió Jack y sacó una sonrisa cínica que enseguida borró - ¿Por qué me llamas y luego llegas a mi casa a hurtadillas? Que yo recuerde no nos despedimos en buenos términos.
- Yo te maté – dijo Mark firmemente.
- Y yo te apuñalé, ¿Por qué no estás muerto? – preguntó Jack con sorpresa mirando a Mark de arriba abajo.
- Yo podría hacerte la misma pregunta.
- Pero yo pregunte primero – dijo Jack alzando ambas cejas hacia su visitante no bienvenido. Hubo un corto duelo de miradas en el que ninguno de los dos quería ceder, hasta que el más maduro lo hizo.
- Los míos no me dejaron morir – respondió el rubio.
- Lo mismo aquí – dijo el rubio opaco pasando de Mark para llegar a otra habitación, una estancia con un bar.
- No es una visita social, estoy aquí por trabajo – dijo Mark detrás de él.
- Eso veo – dijo el joven demonio alzando la placa falsa que le sacó a Mark del bolsillo en cuanto pasó a su lado – ¿Sabes?, si tú eres el agente “Bieber” yo podría ser el agente “Gómez” – dijo y le dio una sonrisa socarrona antes de que Mark se acercara y le arrebatara la identificación falsa.
- Eso es muy poco práctico para alguien de tu clase, ¿no crees? – dijo Jack sirviéndose una copa de whisky de la reserva del bar – estaría mejor visto en la mía.
- Jack, tú no eres un demonio – dijo Mark respondiendo a la alusión y viendo la incongruencia en la historia de su enemigo natural.
- ¡Y tú no eres un ángel! – dijo el hombre levantando la voz y girando hacia Mark con su trago en la mano – no uno completo al menos y henos aquí.
- Y tú no eres un demonio ni completo ni a la mitad – dijo Mark cruzándose de brazos.
- Primero: Que no vomite sopa de espinacas y mi cabeza no le dé la vuelta al mundo no quiere decir que no tenga “sangre demoníaca” o lo que sea dentro de mí. Y B: ¿Tienes idea de quien es mi padre? – preguntó Jack con semblante serio.
- Sí sé quién es pero tú no eres como él.
- Dime que quieres “plumas”, ¿Por qué me molestas? Ya es suficiente con el dolor de cabeza que tengo para aguantarte a ti también – dijo poniéndose el vaso de whisky en la frente.
- ¿Tienes dolor de cabeza y tomas whisky? – preguntó el ángel seriamente.
- ¡Qué vallas al puto grano! – Jack alzó la voz por segunda vez mientras ponía el vaso de vidrio con medida fuerza sobre la barra.
- ¿Conoces a una chica llamada Lyra McKintosh? – al instante de que Mark hiciera la pregunta el semblante de Jack cambio.
- ¿Por qué preguntas?
- Porque acaba de fallecer – dijo Mark, Jack por un segundo pareció sorprenderse – dando a luz a una bebé. Se desangró.
- Bueno… - dijo Jack y pareció recuperarse – tragedias van y vienen. No es que me importe mucho porque… ya sabes.
- Tenía tú número en sus contactos – dijo Mark metiendo sus manos en sus bolsillos – por eso te llame.
- Jack alzó las cejas – uno de los grandes misterios de mi vida fue revelado en ¿qué? ¿cinco minutos?
- ¡Jack! – regañó Mark.
- No sé quién es. Mira, tal vez la conocí hace meses en un bar o en una fiesta a la que me invitaron, pero si lo hice no lo recuerdo y ciertamente no debí haber pasado con ella más de una noche, lo que significa que él bebé que tuvo no es mío, porque… fue hace un millón de años – dijo haciendo gestos y moviendo las manos para posteriormente beber de su whisky.
- ¿Sabes? Una de las virtudes de ser ángel es saber cuándo alguien está mintiendo – dijo Mark.
- Ay sí, que poderosos, “sabemos que ese niño se robó una paleta, ¡arréstenlo!” – dijo Jack haciendo muecas.
- Puedes burlarte si quieres pero ambos sabemos que esa sonrisa falsa oculta temor – dijo Mark acercándose.
- Escucha “plumas” – dijo Jack acercándose al ángel para posar una mano en su hombro – aunque me encanten nuestras reuniones, a excepción de la parte en la que me apuñalas en el corazón, te voy a pedir que saques tus alas y te vayas volando de aquí, antes de que se arme el apocalipsis judeo-cristiano nuevamente.
- ¿Entonces afirmas que sí estás asustado?
- Querido hijo de Gabriel, solo existen tres cosas en toda la creación a las que temo: mi padre, el tuyo y las putas arañas – al oír eso último Mark le dio un gesto de extrañeza mezclado con sorpresa – es por la aracnofobia, ¿entiendes? – respondió Jack como si eso resolviera todos los misterios de la creación, Mark solo asintió lentamente.
- Entonces, le temes a las arañas – dijo Mark casualmente.
- Sí – respondió Jack igual.
- Y a mi padre.
- Sí.
- Y al tuyo.
- Ajá.
- Y, ¿me temes a mí?
- No mucho la verdad.
- ¿Le temes a los que son iguales a mí?
- No, para nada.
- ¿Les temes a los que son iguales a ti?
- Nah.
- ¿Le temes a la posibilidad de ser padre?
- Completamente – dijo Jack y chasqueando sus dedos desapareció de la mansión.