Capítulo 1: Cindy, la nueva.

1082 Palabras
Ese primer día sentí que algo dentro de mi cambiaría por completo. Aquella emoción mezclada con nervios crecía cada vez más y más. Desayuné ligero, tomando un par de tostadas y un poco de jugo. Peinando mi cabello en una cola alta que me ayudaría a ver más estilizada y un par de tacones para disimular mi baja estatura. Usé pantalones negros y una blusa blanca manga larga. Zapatos patentes n***o y una cartera que me ayudaría a llevar mi portafolio y demás documentos. Así mismo respirando hondo salí de casa, saludando a mi vecina Karla y buscando las llaves del automóvil para conducir. El camino fue silencioso, no tenía la valentía de encender la radio o de al menos distraer mis pensamientos. Manejé lo más rápido que pude y llegué 10 minutos antes de la hora establecida para aquella cita. Una vez allí, viendo aquel enorme edificio ante mi, los nervios llegaron y las náuseas se centraron en mi. Busqué un lugar para el automóvil, lo apagué y allí quedé. Dejando caer mi cabeza sobre el volante y tratando de controlar mis nervios. Lo había deseado toda mi vida, y ahora que lo tenía, sonaba tan irreal que se volvía cada vez más imposible de creer. Pero un golpe sobre mi ventana me haría pegar un brinco sobre el asiento.—¿Estás bien?—Preguntó un chico dulce desde el otro lado de la ventana. Lo miré en blanco, seguía asustada y las ganas de vomitar crecían más y más. Bajé el vidrio poco a poco y le miré fijamente. Mirada pacífica, confusión y una tonta sonrisa.—Estoy bien, solo llegué un poco antes.—Susurré mirando el reloj. Él no hizo más que negar y reír.—¿Nervios del primer día? Eres nueva supongo, primera vez que veo tu rostro.—Insistió. Yo asentí y respiré hondo soltando una pequeña risa nerviosa.—Primer día y vengo a una prueba, verán mis diseños. ¿Trabajas aquí?—Pregunté sin más. —Sí, yo trabajo aquí hace unos dos años quizás. Un placer,—Dijo extendiendo su mano.—Soy Lucas.—Dijo sonriente. Estreché mi mano con él e igualmente sonreí.—Un placer, Lucas. Soy Cindy.—Susurré. —¿Cindy?—Rió.—Vaya nombre, chica.—Acabó susurrando.—Vamos, ahora no llegarás antes, si no demasiado tarde. ¿Con quién hablaste? ¿La recepcionista o directamente con el jefe?—Preguntó ayudándome a bajar. Tomé mis portafolio, documentos y cartera, bajando de allí y mirándole al salir. Él era alto, quizás media un 1.85 de altura. Nunca borró su sonrisa. Ayudó a tomar mis pertenencias y caminé a su lado. —Envié un correo a la empresa, me respondieron al tiempo, no se con quien hablé.—Insistí. —Los correos los llevan la esposa del jefe. Sabrás que es algo raro que un hombre lleve una empresa de moda cuando son los que menos saben de eso, lo hace ella. Él solo lleva el control, parte administrativa y por obvias razones, pone el dinero.—Aclaró aún caminando a mi lado. Así mismo caminamos dentro de la empresa, un frío envolvente fue mi primera impresión. Silencio absoluto y el tacón de los pasos era lo único que se oía. Una recepcionista y una sala de espera, música clásica de fondo y tres ascensores principales. —Los dos de la derecha son de los empleados e invitados.—Indicó.—El de la izquierda que está un poco apartado es exclusivamente del jefe, su familia y sus socios. Allí solo suben ellos, por eso es el que siempre está vacío. El resto siempre está full.—Dijo burlón. Así mismo dando aquel tour por la gran empresa de mis sueños, finalmente llamó a un ascensor y subimos sin cuidado. Tras nosotros tres chicos quienes hablaban entre si, no notaron nuestra presencia. —Te llevaré hasta mi piso, dónde está mi oficina, luego tendrás que esperar y subir sola hasta la oficina del jefe.—Susurró a mi lado. Yo asentí sin cuidado y caminé a su lado, finalmente saliendo de allí y topandome con muchos más empleados. Movimientos, pasos y murmullos. Se trabajaba mucho y sin descanso del todo. Corrían papeles por todos lados y el frío aumentaba cada vez más. Lucas me llevó hasta su escritorio, el cual era el más ordenado de aquel sitio y el último al fondo. Tomó asiento rápidamente y dejó mis pertenencias sobre el asiento. Encendió su PC e inició a trabajar. —Y bien, Cindy. ¿Que tal te parece la empresa? Aún no miras los grandes encantos y conflictos, pero hice lo que pude para que sepas un poco.—Aclaró sin despegar su mirada de la PC. Pero de un momento a otro, los murmullos, pasos y papeles dejaron se verse. El silencio se apoderó de todo y quedé mirándole fijamente a Lucas bastante confundida. Las náuseas volvieron, haciéndome arrepentir rotundamente de aquel desayuno rápido que había tomado. —…¿Lucas?—Pregunté en un susurro bastante confundida. —Mala señal, el silencio significa que alguno de los jefes ha llegado. Quizás te está buscando a ti o vienen hasta acá a dejar más trabajo.—Dijo resoplando del cansancio. Pero antes de volver a preguntar otra tontería, un hombre de quizás unos 25 años caminaría por el largo pasillo, llamando la atención de todos mientras acomodaba poco a poco los botones de su traje. Su mirada venía fija ante mi, lo que hizo ponerme aún más nerviosa y querer desaparecer. Entendía que no era el jefe, era muy joven para serlo, mucho menos era su esposa, por obvias razones. Así que quedé allí, esperando que Lucas explicara en un susurro, quien era aquel hombre. Sus pasos siguieron y finalmente se detuvo a dos pasos de mi.—Lucas.—Dijo sin despegar su mirada fija de la mía.—Supongo terminaste los documentos de ayer, mi padre los necesita. Así como necesita que la chica nueva vaya a su oficina. ¿Le has visto?—Preguntó una vez más. Mi estómago se hizo un nudo, no hice más que mirarle fijo y morirme del miedo. Lucas levantó rápidamente su mirada, dejó los papeles que aquel hombre buscaba y comenzó a mirarme ahora. —Ella es Cindy, la nueva.—Avisó. Pero ante esas palabras, los nervios me consumirían y aquellas náuseas dejarían de serlo, para convertirse en vómito real. —¡Mierda!
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