Habían muchas cosas de Alec que no podía descifrar. Una parte de mi sentía que no valía la pena, que era un chico que había crecido toda su vida teniéndolo todo y recibiendo la atención que quería, siendo arrogante y obstinado, pero otra parte de mi, veía aquellas ganas de cambiar y la pena que llevaba por dentro ante la noticia de su cáncer. No sabía con exactitud que es lo que debía sentir por él, mucho menos hasta que punto debía llegar con lo que su madre había insinuado. Por ahora, quería aferrarme a la esperanza de que él quería cambiar, que se había cansado de ser un mujeriego arrogante y que solo buscaba hacer las cosas bien para que el karma no lo atacase una vez más. —Me gusta tu hogar, Cindy.—Soltó sin más al ponerse un poco más cómodo en el sofá.—Podría vivir aquí.—Insist

