Salvatore Al abrazarla siento algo extraño. Me separo de ella. La miro de la cabeza a los pies y cuando regreso de inmediato mis ojos se quedan en su vientre, que ni esa playera gigante puede ocultarlo —Zita—Le digo con la voz ronca y la garganta seca—¿Qué…? Le pregunto señalando su vientre, ella muerde su labio inferior, suspira nerviosa, y se levanta la playera, puedo ver su abultado vientre, me llevo la mano al cabello con nervios, no puedo dejar de ver su pancita, mi respiración se vuelve agitada, y muy irregular. —Era lo que trataba de decirte ese día, es tuyo—Me dice, y entonces la miro a los ojos, esta nerviosa, e incluso creo que preocupada. ¿Por qué? ¿Cree que me enojaré? ¿Estoy enojado? ¿Cómo me siento? Comienzo a hacerme consciente de mis sentimientos, Zita, esta embarazad

