Aún le costaba caer en la cuenta de lo que estaba experimentando con su hija adolescente. A veces se preguntaba cuántos de sus amigos vivían algo así. Tenía entendido que ese tipo de relaciones solían ser en el contexto de un abuso. Pero este no era el caso. Al menos eso se repetía cada vez que podía, ya que una parte de él temía que así fuera. Después de todo, más allá de que ella quería hacerlo, era su hija, apenas una adolescente, y él, de alguna manera, se estaba aprovechando de la situación. —Bueno, basta. Esto es demasiado arriesgado —dijo él, sin mucha convicción—. Portate bien, mocosa —agregó, en un intento de recuperar el control. —Vos portate bien —le devolvió ella, con una sonrisita ladina que le subía de un solo lado de la boca. Y justo cuando él empezaba a girarse para nada

