Luego él se sumergió con lentitud en el agua, su cuerpo perdiéndose entre los reflejos lunares que danzaban sobre la superficie. Ella sonrió con malicia y, sin decir nada, comenzó a nadar en la dirección contraria. Sintió enseguida cómo él la seguía, deslizándose bajo el agua como un tiburón silencioso. Las ondas del agua, sus risas ahogadas, y el murmullo de la noche componían una escena que parecía fuera del tiempo. Durante unos minutos lo esquivó con destreza, doblando en cada extremo, desorientándolo adrede, disfrutando el juego del gato y el ratón. Mauricio intentaba atraparla, pero ella se le escurría como una sombra líquida, y en cada giro, cada brazada, dejaba una estela de deseo. No podía verla del todo bajo el agua, pero cada vez que emergía, su cuerpo desnudo relucía bajo la lu

