Ellas intercambiaron miradas. Entonces Zoe sacó su pequeña lengua y la frotó de un lado de la cabeza de mi v***a. Pronto la cabellera negra volvió a inclinarse, y sentí la lengua babeante restregándose en el lado opuesto al que su hermana me estaba dando placer. —Sí, así, más rápido —dije, agitado. Las chicas eran increíblemente complacientes. No sé qué era lo que las llevaba a estar ahí conmigo, pero estoy seguro de que jamás hice nada para merecer semejante placer. Ambas empezaron a mover las lengüitas con mucha avidez. Como si estuvieran desesperadas por sacarme toda la leche que tenía adentro. Extendí ambos brazos, y acaricié sus traseros mientras ellas seguían mamando como unas expertas, ya olvidándome del cabello de Zoe. Si faltaba algo para que me sintiera en el cielo era eso: sen

