Mientras el coche pasaba por el camino de entrada, pasando su escondite, Charlie se colocó con cuidado. Esta vez había reemplazado sus binoculares por un telescopio sobre un pequeño trípode y sonrió para sí mismo al colocarle las patas. Intentar sujetar los binoculares con una mano y meter la otra en los pantalones casi le hizo caer del tocón la última vez. Mirando por el telescopio, enfocó la ventana del baño y luego la enfocó directamente hacia los grandes ventanales de la sala de estar. A través de esa ventana, pudo verla estirada en la cama. Perfecto. Apenas había preparado el equipo cuando ella dejó el libro y se puso de pie, estirándose. La idea de recorrerle las piernas con las manos, las caderas y los pechos, le excitaba la polla. Se preguntó si se mudaría a la sala y empezaría a

