Primera advertencia

2133 Palabras
Sus manos frías sujetaban mis brazos, era todo. Me sentía segura a su lado, ¿Por qué sucedía de ese modo? No lo sabía. No sabría con exactitud cuanto tiempo dure perdida en su agarre. Me encontraba sumergida en mis pensamientos. Su agarre era fuerte, muy fuerte. Podría pensar que no quería dejarme ir y yo... Honestamente no quería que lo hiciera, no quería que al finalizar el agarré de él regresará el miedo, la angustia... California. No quiero que vean que fracase, no quiero volver.. —¿Volver a donde? ¿En que fracasaste?—, Me soltó. Se giro para tomarme del rostro obligándome a verle, sus ojos chocaron con los míos—. ¿Julieta? Sentí la tensión dentro de mí, sus ojos cafés me miraban penetrantes, sentí demasiado. Pasé uno de mis mechones que el viento agitaba detrás de mí oreja y negué velozmente. —¿Qué dices?—, pregunté riendo de manera nerviosa. Rápidamente me solté de su agarré y me giré levemente—. Yo no sé de qué hablas. Aquel tono chillón me delató. Solía salir cada que mentía, mezclado con aquella risa tonta y movimientos exagerados de mis manos. —Lo sabes—, Su mano se aferro a mi antebrazo jalandome levemente hacía él—. Quizá fue que pensarás en voz alta, pero sabes perfectamente de que estoy hablando—. Señaló con frialdad. No pude evitar morder mi labio inferior y desplazar la mirada hacia otra parte, arrinconada. Pero ni la paz que generaba aquel mirador me ayudaba. Acomodé mí cabello un par de veces, intentando pensar en algo, pero nada llegaba, ¡Vamos Juls! ¡Piensa! —Quizá pensaste en voz alta. Pero sabes de que hablo—, me señaló frío—, ¿En que piensa esa cabeza? —¡Ah! ¡Sí! Ajá—, dije con nerviosismo. Riendo de modo exagerado—, ¡Sí, lo sé! —Entonces, habla—. Ordenó. Reí nerviosa sin parar de jugar con mi cabello, ¿Quería contarle a Uriel sobre lo que pasaba? ¿Sobre mi próxima visita a California? ¿Sobre qué mentí? —Hablar, ¡Si, claro!—, Agite ligeramente mis manos—. Claro, pero tendrías que contarme tú porque te peleaste, además de que amenazaste al dueño del lugar—, pedí. Ganaría tiempo. Dudaba que Uriel quisiera contarme algo al respecto así que aquí terminaba el tema de conversación. Sin explicación de ninguno de los dos. Él miró hacía el cielo y bufó. Pero noté cómo pensaba un poco más, al final, sus facciones se relajaron. ¡Diablos! ¡Accedería! —Esta bien. Dilo—, accedió, para recargarse en el barandal, mirando la ciudad—, Soy todo oídos. Tome una bocanada de aire, con ligero toque de cansancio, para mirarlo atento a la ciudad, quizá replanteando que me diría. Yo no tenía tiempo para inventar una excusa, además de que era tan mala mintiendo. —Bien...—, Tomó aire e imitó su acción, pasados un par de segundos me llene de valor—, Me mudé aquí hace un tiempo, tenía dieciocho y quería independizarme de aquello que era el "Legado familiar" Hacer las cosas por mí cuenta, así que aquí estudie mí carrera y conseguí un trabajo... —Un horrible trabajo—, me señaló a lo que reí burlona. —Sí, un horrible trabajo—, Le di la razón, para ver aquella ciudad, cuando llegué aquí, parecía ser mas sencillo—. Como sea, he juntado dinero desde entonces con intenciones de poner un lugar del cual he soñado siempre—, seguí a lo que él asintió— Para ello me faltaba un poco de dinero, muy poco a decir verdad... Pero perdí mi empleo. —Lo lograras, te regresaron tu empleo, ¿No es así?—Me miró autoritario, chasqueo la lengua con desdén rodando los ojos. Hasta que caí en cuenta en mi mentira. —¡Ah! ¡Claro!—, Reí nerviosa y hable en tono chillón delatando mi mentira—, Como sea. Te toca a ti, ¿por qué te peleaste? ¿porque amenazaste al dueño del lugar...? Por ello creía que las mentiras eran malas, perdías el hilo de estas y terminabas pareciendo justo lo que eras. Una mentirosa. —Eso—, Fue su turno de rodar los ojos con desdén. Para apartar la mirada de mí—, Me pelee porque el idiota de Rey no dejaba de sexualizarte... Ni decir cosas estúpidas de ti, cosas que no me parecieron. Le miré de reojo, asombrada. ¿Era enserió que querían ser mis amigos? ¿Por qué se había tomado el tiempo de defenderme? Sus ojos no me miraron, sino, aquella ciudad que de lejos se miraba pintoresca, de cerca la frialdad y el peligro te penetraba los huesos. —No me afecta lo que digan de mí—, Confesé. —Llegó a otro nivel—, Pauso mirando hacía mí para resoplar—, Le pedí que parará y que no se metiera contigo. Pero continúo... No pude evitar mirarle con duda. Él tenía el labio roto, ¿Por mi? No lo mencioné, le di una sonrisa de lado para regresar al frente. Es curioso, porque entre más lo pensaba menos sentido tenía para mí, el modo en el que los cinco se acercaron a mi vida, no parecía ser nada bueno. —Yo... —Espera aún no termino, soy justo y dijiste que dos preguntas—, Dice rascando su nuca intentando comprender el que decir—, No fue tu culpa que te despidieran, si no mía, trataste de ayudar a un amigo ¿No es así? ¿Que si me sorprendí? Lo hice, demasiado, él se había preocupado por mí en ambas opciones, le mire y le sonreí, se veía serio pero sus ojos mostraban un poco de nerviosismo, me acerque un poco a él y le sonreí aún más y lo abrace con fuerza. —Gracias Uriel. *** Lo primero que encontré en casa fue a Drey quien siempre hacía hasta lo imposible por huir de su casa, donde vivía con su hermana Lily, quien era una espinilla en el... —¡¿Estás loca!?—grito apenas terminé de contarle, le miré con los ojos abiertos a par, ¿Habría olvidado que él vivía abajo—, ¿¡Uriel!? —Drey... Cállate—, susurré. Hizo justo lo contrario, paseaba de un lado al otro, tomando su cabeza con los gritos incesantes salientes de su boca. —¡¿Cómo es posible que seas amiga de los cinco malos?!—, Gritó ignorante a mi petición—, ¡Fueron días! ¡Desde que no trabajamos juntas! ¿Qué pasó?—. Chilló. Aplane los labios para rodar los ojos, ignorando su pregunta caminé hacía mí refrigerador, tomando un energizante azul, de mora. No sabía que podía decirle. —¿¡Cómo es que te estás relacionando con ellos!?—, Insistió. —Yo... —Malos, ¡Son chicos malos!—, Recalcó—, ¿Se te ha olvidado que reinan la ciudad? ¿¡Que son unos hijos de...!? —Baja la voz, Drey—, Pedí de nuevo, dándole un trago a aquella bebida, dejando caer mi peso en el sofa—, Ellos te escucharan. —¡No me importa si me escuchan en china!—, Refutó para colocarse frente a mí, nerviosa—, ¡Eres una chica buena Juls! ¡Te van a corromper! No pude evitar sonreír divertida, el ver como se tomaba la cabeza y exasperada intentaba hacerme entrar en razón, era ligeramente cómico, sus ojos saliendo de sus órbitas y... —¿No te paso por la cabeza comentarlo?—, Me dijo con enojo. —¿Comentarte que Drey? Si ahora parece que te ha entrado el demonio—, Señalé cerrando la botella. —No sé, quizá, "Me he vuelto muy amiga de los cinco", "me haré una chica mala"—, enumeró—, ¿Vas a acudir a los tiroteos? ¿Serás el número seis? —Eh... —¿¡Y si vas a la carcel!?—, Sus ojos se abrieron a par apenas la idea cruzo por su cabeza—, ¡A ti te comerán viva en esa carcel!—Insistió sujetando mi rostro—. ¿¡No lo has escuchado!? ¡No te enamores de ellos! Uy sí, la que tiene un crush con Caleb desde secundaria. Muy creíble Audrey. —Yo... ¿Puedes parar?—, Fruncí las cejas ante su discurso—, si te detienes un segundo... —¡La comida de la carcel es horrible! Eres un pequeñito rayo de sol, ¿En una cárcel? —¡Drey, Basta!—, grité exasperada—, ¡Estás enloqueciendo! ¡Respira! Ella me mira y me apunta con su dedo índice entrecerrando los ojos. —¡Me preocupas!—Finalizó. Para después hacer una mueca, mordiendo su labio—, Además era un buen discurso. —No lo era. Ella rodó los ojos para sentarse en un taburete. Ella me miró con una ligera mueca para recargarse en uno de sus brazos, mirando con atención. —Una cosa es un crush Juls. Pero son bandos... Es peligroso, te meterás en la boca del lobo—, dijo más calmada—. Ellos lastiman, lo harán contigo... —¿Qué es lo peor que podría pasar Drey?—, Le dije con cautela—, A ti te gusta Caleb, ¿Si él sintiera algo por ti...? —Sabría que jodería mi corazón, Juls—, en sus labios se marcó una mueca—. Se que en el corazón no se manda pero... Contigo es diferente Juls, tu corazoncito de pollo no lo tolerará, el dolor. —Quizá no son tan malos... —Yo vivo aquí desde hace más que tú, vi los inicios de los bandos... Ni el Clan ni los cinco se tentaron el corazón alguna vez—, se levantó para ir al refrigerador—, Menos lo harán contigo. —No lo sé... —Se que te gusta Uriel, Juls. Y te apoyare si quieres estar con él, pero... No quiero que te jodan el corazón o la vida—, suspiro—, No quiero verte herida. —Eso no pasará porque... Mis palabras quedan en el vacío cuando mi celular comienza a timbrar, una y otra vez, no lo tomó, esta acción se repitió un par de veces. Los ojos de ella me miraban atentos. —¿No contestaras?—Preguntó bebiendo de su Monster. —Se detuvo, no debe de ser importante—Dije con desdén—, por eso estas tan loca, por las bebidas energéticas... Ella estaba por responderme cuando el celular sonó de nuevo, ella arqueo una de sus cejas y bebió un trago largo. —Parece que sí, ¿Crees que la pizzeria aún esté abierta?—, Preguntó mirando su celular, para levantarse—, Llamaré, no tardo. En lo que ella se levantó miré la pantalla de mi celular nuevamente, número desconocido... Dude en hacerlo, pero la curiosidad pudo más que yo. —¿Hola...? —... —Si esto es una broma colgaré. —... Drey regreso y me miró con confusión mientras yo esperaba que alguien respondiera, dejó su celular en la encimera y alzó una de sus cejas. —Tendremos pizza en media hora—, Añadió. —el tiempo corre... Fue lo último que escuché de la llamada antes de que esta finalizará, aquella voz me resultó irreconocible. Apenas terminó la llamada la luz se cortó, dejando a oscuras el departamento con un grito mezclado entre el mío y Drey junto con un gimoteo de mi gato, ¿Qué..? Como si la escena no fuera lo suficientemente extraña, escuchó un cristal romperse en mi habitación, alumbre con la lámpara de mi celular hasta llegar a mi habitación dejando a Drey en la cocina. Lo primero que mis ojos vieron fue una piedra con un papel amarrado a ella, fruncí las cejas con confusión. "Un, dos, tres, el juego comienza. Cuatro, cinco, seis las chicas "buenas" son unas perras, tienes tres días el conteo empieza, vete. O todo empeorará" —D. —¿Está todo bien Juls?—, escuché a Drey, metí la nota en uno de los cajones—. ¿Qué sucedió? —C-claro—, Titubeo—, Seguro fue un accidente... Suena un golpe en la puerta y luego los golpes se hacen más ruidosos generando que mi piel se erizara por completo. Y la piel se me heló con el mensaje que recibí. "Primera advertencia -D"
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