Las horas que tardamos en llegar al aeropuerto de Chicago fueron las más largas que había vivido, no se me salía de la cabeza la llamada de esa mujer. Llul no quería que yo me enterara, de lo contrario habría hablado delante de mí, pero prefirió no hacerlo y eso lo delataba. No estaba acostumbrada al juego de te cuido, pero me voy, regreso, pero no estoy, tampoco a llamaditas extrañas, así que jugaría su mismo juego. El problema es que cuando lo tenía cerca y me besaba todo lo que pensaba lo echaba en saco roto, porque se adueñaba de mis sentimientos, tanto, que seguía en el mismo lugar en la habitación después de jugar con mis emociones sacándome uno de mis mejores orgasmos. Se había ido dejándome sin algo más que unas bragas, me había dejado aniquilada, sabía perfectamente lo que que

