Capítulo 26

1136 Palabras

De repente nos quedamos callados, ya no había palabras para seguir expresándonos, todo estaba dicho, o… casi todo. El hecho fue que mi polla se puso tan dura que tuve que controlarme, mentalmente intenté relajarme, no quería  que todo terminase antes de empezar. Sin dejar de tocar sus tetas cambié de posición y me coloqué delante de sus piernas. Por eso me gustaba follar con la luz encendida, me gustaba mirar lo que era mío y lo que  era capaz de hacer cuando un coño me gustaba; como era el caso. Mi boca se hizo agua de ver lo que tenía delante, un coño todo rasurado, era tan rosa como el color de un helado de fresas y comparar su v****a con un helado de fresas me llevó allí a lamer cada parte de su ser. —¿Qué me estás haciendo puto turco? —Me gusta que me reconozcas, esto solo te lo pue

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