En la ducha hubo más de lo mismo, bueno… más y mejor, porque me quedé boquiabierto cuando vi cómo se encargaba de lavar mi pene con mimos para después llevarlo a su boca. El chorro de la ducha seguía abierto, ninguno se molestó en cerrarlo, mis quejidos se confundieron con el agua, pero es que no era para menos, verla ahí abajo desnuda, el agua cayendo en su cuerpo y ella chupando mi polla era para dar alaridos en vez de quejidos, esa mujer era de otro mundo, no solo sabía usar la boca para cantar, esa mujer era más, mucho más y yo me estaba convirtiendo en un juguete de sus pericias. —Ahora quien hace la pregunta soy yo, ¿de dónde coño has salido tu? —pregunté cuando pude hablar. En mi puta vida me habían hecho mamadas como las que me hacía, ni siquiera las putas, a esas había que pagarl

