Cuando entramos al camposanto con dos ramos de flores hermosos, lo hicimos en silencio, era mi momento para estar con mi madre. El turco dejó las flores y se dio la vuelta para dejarme sola, pero no lo permití, tambien quería estar con él, quería que me acompañara, quería presentárselo a mi madre, quería sentir su señal de que no me estaba equivocando. El lugar donde estaba enterrada era uno de los mejores lugares del camposanto y eso no pasó desapercibido para Llul. —No te vayas, quiero que me acompañes, a mi madre le habría gustado un turco en mi vida —el no dijo nada. No sabía lo que pensaba de esa frase. Volvió sobre sus pasos y se coloco a mi lado. —Lo primero que hice cuando empecé a ganar dinero fue construir un lugar digno para ella, se lo merecía —dije emocionada. Cuando mi ma

