Ritual en el bosque

2007 Palabras
Ruth regresó con un pequeño baúl de color n***o y madera desgastada, lo puso sobre la mesa mientras levanta suavemente su tapa. Allí había un anillo n***o con una piedra negra muy brillante, en su interior había dibujado un pentagrama invertido, el color del dibujo era rojo encendido. El anillo era muy bonito, tenía el poder de atraer la mirada de todo aquel que se fijase en su aspecto. Jorge, Ana y el padre estaban muy extrañados. ¿Qué significaba el símbolo? ¿Qué tenía que ver el anillo con las fotos y con Leopoldo? La madre empieza explicando que Leopoldo ha vivido muchos años y que es el anillo lo que lo mantiene vivo. Por medio de un pacto demoniaco se alargaba la vida de Leopoldo cada siglo, mientras el anillo estuviera en el seno de su hogar tenía la posibilidad de ser eterno. Isidro pregunta sobre la relación del mayordomo con la familia de Ruth, no lograba entender cuál era el vínculo con todos sus antepasados. Leopoldo les recordó la historia que hace unos días les había contado sobre su infancia, donde fue adoptado por una pareja que lo crio como si fuera su propio hijo. Esa fue la tatarabuela de Ruth, quien le cogió mucho aprecio y lástima a Leopoldo por la difícil situación con sus padres biológicos. Ella realizaba ritos espirituales y podía sanar a las personas por medio de conjuros y yerbas, a Leopoldo le había hecho un ritual para que siempre se conservara sano, la única condición era que tenía que comer solo productos naturales, nada de químicos, pues el rito llegaría a su fin con la ingesta de estos. Por ese motivo es que el mayordomo era tan estricto con sus comidas, no quería poner en riesgo su salud infinita. Aunque su madre adoptiva era muy espiritual y esotérica, siempre se interesó por la educación, asunto que en esos tiempos era muy limitada y difícil de conseguir. Le ensañaba a Leopoldo empíricamente lo que estaba  a su alcance, en esa época, sin libros, cuadernos, colores, instituciones, lo único que ella podía hacer era enseñarle el mundo tal y como lo conocía. Solo hasta el año 1805 se empezaron a crear las primeras escuelas de México, para ese entonces ella ya estaría muerta, pero siempre soñó con verlo triunfar convertido en un hombre intelectual. Salían a pasear por los bosques, ella le enseñaba las plantas y sus nombres, las cordilleras, montañas, los ríos y su constante flujo que muere en el mar y los seres que a la vista se presentaban. Fue mucho el cariño que Leopoldo tuvo por parte de la tatarabuela de Ruth, quien además de hacer el papel de madre, hacía el de amiga y consejera. Leopoldo era un adolescente solitario, no tenía novias, pues no veía ningún ejemplo de relaciones fuera de la de su madre, pues tampoco tenía muchos amigos. Su madre parecía orgullosa de esa situación, como si quisiera hacer realidad el complejo de Edipo. Era muy celosa con Leopoldo, no permitía que su padre adoptivo le hiciera algún reclamo por más fundamentado que estuviera. Veía por los ojos de Leopoldo y no estaba dispuesta a aceptar algo en su contra. La tatarabuela tenía una hija biológica, o sea la bisabuela de Ruth, llamada Alba, esa niña aunque era sangre de su sangre no era para ella tan especial como Leopoldo. Los crio juntos, pero pasaba más tiempo con el niño, a su hija le encargaba labores del hogar además de ser su ayudante en la sanación de personas. Leopoldo y su padre adoptivo trabajaban en el campo, su madre se encargaba de la casa e intercambiaba servicios medicinales por comida. Era muy famosa por sus rituales sagrados para atraer el bien y la fortuna, no lo practicaba mucho con su familia porque sabía que la avaricia siempre tenía grandes consecuencias, cuando de riqueza se trataba prefería llevar una vida humilde. Le daba mucha tristeza ver envejecer a Jorge, ella era solo 25 años mayor que él. Cuando la tatarabuela de Ruth cumplió 85 años tuvo un episodio muy extraño, vio la muerte de frente. Estaba muy enferma, ya ni sus yerbas le hacían efecto, para no sentir dolor preparó unas ramas alucinógenas que le redujeron notablemente el sufrimiento. Su corazón se aceleró de tal manera que le estaba dando un infarto, por unos segundos murió, mientras Leopoldo hacía presión en su corazón para devolverla a la vida y Alba frotaba paños húmedos en su frente caliente. En los cortos minutos que salió de su cuerpo visitó un lugar de tinieblas, hacía mucho frio y se sentía un gran vacío en el corazón, no encontró a nadie conocido ni las llamas del infierno, pero era como si la nada perturbara lo que queda de la vida. Gracias a Leopoldo y Alba regresó a la vida, valorando mucho sus últimos instantes, pues lo que había vivido no le parecía nada agradable. Aunque era muy consciente y sabía que era un destino que tenía que enfrentar, pero no quería lo mismo para Leopoldo. Estuvo algunos días averiguando cómo podía hacer eterno a su pequeño niño, que aunque estaba viejo ya con sus sesenta años, seguía siendo su bebé. Pudo descubrir que había solo una forma, a saber, hacer un pacto con el diablo, pero ese pacto no era eterno y debía mantenerse vivo de alguna manera. La tatarabuela omitió todas las consecuencias y se decidió a hacer lo que fuera necesario para que Leopoldo no pasara por la tormentosa muerte. Aunque el ahora mayordomo no estaba de acuerdo, sabía que era un acto de amor muy fuerte por parte de su madre adoptiva, pues por encima de su esposo y su hija biológica prefirió darle a él la vida eterna, además de la ya otorgada perfecta salud. Para el pacto era necesario que se sacrificara a una persona de la familia, la tatarabuela por mucha preferencia que tuviera por Leopoldo no tenía corazón para sacrificar a Alba, así que la víctima en mente fue su sobrina, hija de una hermana difunta. La invitó a pasar unos días en la casa, ella era mucho más joven que Leopoldo, había cumplido hace poco sus cuarenta años, tenía tres hijos y un esposo. La tatarabuela empezó a darle una pócima todos los días antes de dormir, era un veneno natural que con el tiempo iba haciendo su efecto, cada día la sobrina se sentiría más débil y cansada, y cuando estuviera muy decaída era el momento para hacer el sacrificio, pues se necesitaba un cuerpo extenuado a punto de perder su último aliento de vida. Cuando la sobrina empezó a notar que cada vez estaba más enferma, solicitó abandonar el lugar, para que algún médico la revisara. Leopoldo y su protectora se opusieron, inventaron mil excusas con tal de no permitir su escape. El plan que tenían con la sobrina era un secreto que solo la tatarabuela le mencionó a su hijo favorito, sabía que su esposo no estaría de acuerdo, pues a simple vista parecía un acto atroz. Ya sus hijos se estaban empezando a preocupar,  fueron a visitarla y al verla tan decaída se enfrentaron a la familia para poder llevársela. Ruth accedió, aparentemente, pues les siguió el juego con mucha tranquilidad, y mientras empacaban sus cosas les ofreció aromática para beber. Con los dos primeros sorbos tuvieron los tres hijos para caer como piedras sobre el fresco pasto, los amarraron y dejaron en un lugar donde nadie pudiera escucharlos. Desafortunadamente no podían tenerlos mucho tiempo privados de su libertad, pues algunos trabajadores de las casa cercanas podían encontrarlos o incluso su propio esposo, el sacrificó debía acelerarse, tenía que ser esa misma noche. Esperaron muy intranquilos hasta que fueran las doce y media, pues ya todos estaban dormidos a esa hora. Luego, la tatarabuela amarró a su sobrina, le tapó la boca con un trapo fino y entre ella y Leopoldo la arrastraron hasta el rio. Opuso mucha resistencia, desde hace varios días que tenía la sospecha de que algo no andaba bien, pero no pensó que se tratara de un acto tan maquiavélico. Ya estando en rio la maga sacó sus ramas, una cruz al revés, un libro y un anillo que le fue dado por un pagano de un pueblo cercano, el anillo debía conjurarse con el sacrificio y la nueva vida eterna, por eso era un detalle que no podía faltar. Empezó leyendo unas palabras del libro, eran incompresibles para su sobrina y Jorge, quienes estaban desconcertados con los conocimientos de brujería que esa noche estaban percibiendo. También puso unas ramas sobre Jorge, el cual estaba sentado en una roca del rio que permitía que el agua le llegara solo hasta su corazón. La sobrina fue sumergida un poco más, con el agua hasta el cuello podía sentir el desespero. Sobre ambos ponía unas ramas, las que sobre la cabeza de Jorge acomodaba eran verdes, jóvenes y con un delicioso aroma, mientras las otras, que sobre la cabeza de su sobrina dejaba lentamente, eran color café opaco y con un desagradable olor a estiércol. Mientras repetía el conjuro movía la cruz de arriba abajo, algunas veces señalando el cielo y otras, la tierra. Puso el anillo sobre la cabeza de su sobrina y lo presionaba fuerte, como apretando sus entrañas. Luego se lo puso a Jorge en mano dominante, en el dedo comúnmente llamado: corazón. Jorge debía apretar el anillo contra su pecho, se supone que en ese instante la sobrina moriría lentamente mientras Jorge se adueñaba de su vida en nombre del sacrificio. El ambiente estaba muy tenso, estaba empezando a llover y el cielo se ponía de color rojizo. Volaban murciélagos con mucha prisa mientras hacían un círculo alrededor de los tres. Sin prestar atención al entorno, la tatarabuela seguía con su ritual. Lastimosamente parecía no estar funcionando, su sobrina seguía con vida, aspecto que señalaba la falla del acto realizado. ¿Qué pudo haber fallado? ¿Por qué no funcionó el hechizo? ¿Habría perdido sus poderes? ¿Estaba mal hecho el hechizo? La tatarabuela estaba desconcertada. Lo intentó nuevamente con un poco más de fuerza y fe, pero otra vez fue un fracaso total. Con mucha rabia tiro todas las plantas al rio, maldecía al cielo y a la vida por no poder darle a Leopoldo la vida eterna y evitarle el suplicio de la incertidumbre del más allá. La sobrina, quien le pedía a Dios que la ayudara parecía feliz, al menos se había salvado de la malvada tía. Ella cogió el libro y volvió a leer todos los pasos del hechizos, así pudo percatarse de que cumplió con todos los requisitos menos con uno. La persona que debía ser sacrificada, además tener un parentesco familiar con quien realizaba el sacrificio, debía ser muy joven, la decadencia de la enfermedad era necesaria para el ritual, pero se hacía alusión siempre a alguien joven y casto. Dicha persona destinada para el sacrificio también tenía que ser virgen, de otra forma, todo sería inútil. Leopoldo sugirió abandonar el plan, pues estaba dispuesto a enfrentar su muerte como todas las personas en el mundo, no veía necesario hacer sufrir a otros para obtener beneficios que por naturaleza no debían ser concedidos al hombre. Pero su madre estaba obsesionada y dispuesta a hacer lo que fuera necesario para cumplir con su plan, así le costara su propia muerte. Por esa razón regresaron a la sobrina a la casa, donde la conservaron amarrada mientras pensaba qué hacer. No pasó mucho tiempo, la tatarabuela ya sabía qué hacer. Recordó que tenía a los hijos de su sobrina secuestrados, así que uno de ellos iba a ser el elegido. Por la condición del ritual la victima sería la más joven. En ese caso, quien cumplía con todas las condiciones era Dulce María, la menor de las hijas de su sobrina, solo tenía 8 años, a esa edad era imposible que hubiera cometido un acto impuro consciente, por lo que decidieron poner en marcha su nuevo plan. 
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