Esperaron un largo rato, pero Ruth y Leopoldo no aparecían. Ana sugirió llamar a la policía, pero Isidro no lo permitió, teniendo en cuenta que el mayordomo no tenía algún documento que lo identificara, solo por ese detalle podía pasar algunos años en la cárcel. Mientras esperaban, Jorge aprovechó para contarle a su padre que Ruth y Leopoldo se encerraban constantemente en el cuarto para rezar por la familia. Isidro se mostró extrañado y algo molesto, eso ponía en duda la fidelidad de su esposa, en la cual siempre había confiado. Sin embargo, era consciente de que las personas nunca pueden estar totalmente satisfechas con lo que tienen, puede que Isidro le llenara un vacío en relación con el hogar, pero sexualmente Ana podía estar insatisfecha, pues él se la pasaba trabajando y siempre que llegaba muy cansado. También había dejado de tener detalles románticos con ella desde hace mucho tiempo, cuando la estaba conquistando, frecuentemente le llevaba flores frescas, chocolate y de vez en cuando una serenata, desde que nacieron los niños se dedicó solo al trabajo, descuidando por completo su relación. Se puso un poco triste, tenía la certeza de que si el amor se había terminado era su culpa, Leopoldo muchas veces estaba más pendiente de ella y sus necesidades afectivas, pues tenía más tiempo y disposición. Ana no acepta que Isidro se culpe por las sospechas de infidelidad, ya que por la situación económica era necesario que el padre trabajara más de lo normal, si no lo hubiera hecho, posiblemente Ana y Jorge jamás hubieran conocido una escuela. Todo el conocimiento que tenían era fruto del trabajo de Isidro.
Mientras hablaban lograron percatarse de un ruido afuera de la casa, Isidro fue a revisar y vio a Ruth junto con Elkin cargando a Leopoldo desmayado. Corrió inmediatamente a ayudarlos, pues Ruth estaba sudando y muy pálida, casi a punto de desmayarse por el cansancio. Entraron al mayordomo y lo acomodaron en una silla, todos se preguntan qué le pasó al mayordomo, incluso los tres investigadores, quienes ya tenían una posible respuesta. Elkin menciona que se dirigía a la casa para seguir el proceso con Jorge, pero que en el camino se encontró a Ruth y a Leopoldo en una situación muy difícil, ella estaba intentando arrastrarlo hasta la casa, pero a causa de su poca fuerza no podía lograrlo. Así, el psicólogo decidió ayudar, no había podido buscar más temprano a Jorge debido al trabajo, pero mostró su compromiso con el misterioso caso. La madre les comenta que Leopoldo estaba desmayado, tal vez el trabajo es muy pesado para una persona de su edad y es necesario hacer algunos ajustes para que el invento de Isidro no fuera a terminar en tragedia. A simple vista se veía que lo defendía mucho, que su preocupación por el mayordomo excedía los límites de la amistad. Isidro un poco celoso reiteró la necesidad que tenía de pasar más tiempo con sus hijos, de manera que tendrían que buscar la forma de que Leopoldo pudiera cumplir con sus tareas. Ana les sugiere que se le asigne a Leopoldo una compañía, que tomara el rol de ayudante menor. Entre todos podían turnarse, algunos días lo acompañaría Jorge, luego Ruth y la madre, solo el padre descasaría todas las tardes, se lo merece, reitera Ana. Aunque la madre no está muy de acuerdo no ve otra salida, por eso acepta y sugiere conseguir un médico para que revise a Leopoldo, quien aún no despierta.
Lastimosamente, era muy difícil conseguir un médico particular. Muchos eran los impedimentos: el dinero no les alcanzaba, era muy tarde, no tenían manera de llamar al pueblo, no podían buscar un hospital público porque Leopoldo no tenía documento de identidad y para buscar un especialista tenían que caminar mucho, cuestión que se dificultaba con Leopoldo desmayado. Ana sugirió dejarlo en su cama para que despertara cuando pudiera, todos se mostraron de acuerdo y así se hizo. Luego, Jorge le contó en privado a Elkin lo que verdaderamente había ocurrido, también le mostro las fotografías para poder justificar la trampa hecha al mayordomo. Mientras Elkin analizaba las fotografías se veía cada vez más desconcertado, nunca había tratado un caso tan extraño, y efectivamente, confirmó que se trataba de Leopoldo en todas las fotografías. ¿Está Leopoldo muerto y solo vemos su espíritu que se confunde con la realidad? ¿Es consciente Ruth que se trata de un ser extraño? ¿Estaría Leopoldo relacionado con todas las desgracias que le han pasado a la familia materna a lo largo del tiempo? ¿Cómo podían desenmascararlo? Cada vez las preguntas se hacían más complejas, y las respuestas parecieran estar alejándose como el sol al atardecer. El caso, aunque espeluznante, seducía mucho a Elkin, quien tenía pensado escribir un libro de aventuras ficticias, pero que con la historia de Jorge, sería más bien un libro de verdaderos misterios.
Uno de los impedimentos para afrontar el gran misterio, era lo extraña que sonaba la historia, no podían ir ante las autoridades competentes, lo más probable es que nadie les crea sus palabras. Aunque ante la falta de veracidad de las historia estaban las pruebas, con las fotos podían denunciar a Leopoldo, pero la idea no era que terminara en una cárcel, sino que les aclara el misterio. Elkin no se tardó mucho en la casa de la familia Serrano, con la nueva información que Jorge le había dado tenía mucho que pensar, y sobre todo, reflexionar. Con gran angustia la familia se va a dormir, dejando las puertas abiertas para poder escuchar si Leopoldo despertaba. Isidro notaba que Ruth no podía dormir y no dejaba de moverse, como si estuviera nerviosa, al menos eso parecía según los movimientos involuntarios de sus pies. Isidro aprovecho el momento de tensión para preguntarle a Ruth si sentía algo más que amistad por el mayordomo, ella se sorprendió por la pregunta, miro para otro lado mientras movía su cabeza de lado a lado. Era la primera vez que su marido dudaba de ella, durante todos los años de relación la confianza siempre fue un factor decisivo. Ambos venían del seno de una familia cristiana, por eso, antes de cometer cualquier acto pasional se habían casado. Según su creencia no había cabida para un tercero en la relación, la fidelidad era una de las grandes virtudes que Isidro creía que Ruth tenía. Por eso, era muy extraño para Ruth la pregunta de su esposo, en tantos años de casados nunca había surgido una duda de ese tipo. ¿Qué había cambiado? ¿Por qué Isidro apenas desconfía de ella y Leopoldo, si toda la vida han vivido juntos los tres? ¿Le habrá metido alguien locuras en la cabeza? ¿Es por esa razón que Leopoldo decidió pasar las tardes en casa? ¿Le habrán dicho algo sus hijos? Ruth se cuestionaba en silencio mientras su esposo esperaba una respuesta mirándola con desconfianza. Ella negó absolutamente todo, poniendo como referente sus creencias católicas y los valores enseñados por su madre. De hecho, se notaba molesta, le recalcó que preocuparse por su fiel amigo no significaba que tuvieran un romance, sino que más bien dejaba ver la gran inseguridad de Isidro. Sin dar más explicaciones le dio la espalda y se hizo la dormida.
Por su parte, Isidro pensaba, más que en la respuesta de Ruth, en sus reacciones. Fue mucho el tiempo que se quedó callada, además, la reacción de enojo señala la existencia de la mentira e inseguridad con respecto a la respuesta dada. Isidro no pudo dormir mucho, la idea del final de su matrimonio le martillaba la cabeza, aunque lo alentaba saber que no había perdido todo su tiempo, pues gracias a ella tenía dos hermosos hijos que amaba con el alma. Ruth tampoco podía conciliar el sueño, solo se hacía la dormida para que su esposo no le hiciera más preguntas. La única que dormía, aparte de Leopoldo, era Ruth, quien no se preocupaba por el mayordomo gracias al conocimiento de la causa de su profundo sueño. Jorge estaba inquieto, no solo por los descubrimientos, sino también por los sonidos raros que escuchaba, los que desde el día de su cumpleaños no lo habían dejado en paz, pero a veces la costumbre le hacía olvidar que existían. Al otro día, Ruth se levantó muy temprano, fue hacia la habitación de Leopoldo, el cual continuaba dormido, se le acercó para moverlo un poco y sentir su respiración. Leopoldo abrió los ojos muy lentamente como para adaptarse a la luz, se sentía muy bien, como si hubiera descansado por muchos años. Pero a pesar de sentirse bien, eran muchas las inquietudes que le surgían. ¿Cómo había llegado hasta la cama? ¿Quién lo llevó a casa? ¿Qué había pasado en el bosque? ¿Por qué Ruth se mostraba tan preocupada? Sin reparos le cuestionaba toda sus dudas a Ruth, quien le respondió todo menos la causa de su desmayo. Leopoldo se caracterizaba por ser un hombre muy sano, fuerte y saludable. Jamás en toda su vida había perdido la conciencia, tenía el presentimiento de que algo estaba cambiando en su cuerpo.
Al resto de familiares no les sorprendió verlo de nuevo bien, y tenían presente que tenían que buscar una nueva estrategia para sacar a Ruth de la casa, pues si bien el somnífero era efectivo, podía causarle muchos problemas de salud. Era una lluviosa mañana, lo que significaba que Ana no podía ir a la escuela. El padre salió a trabajar a pesar del mal tiempo, no sin antes sugerir a sus hijos que idearan un plan para entretener a Ruth en la tarde. Por más que los hermanos compartían propuestas, ninguna les parecía adecuada, ya que todas implicaban peligro para su madre o el mayordomo. Pensaban que era mejor confrontar a la pareja misteriosa, no sabían si su padre estaría de acuerdo, pero era la opción menos riesgosa. Como siempre la hora del almuerzo era la más adecuada, hablarían antes con su padre para concretar el plan y así proceder. Cuando Isidro regresó inmediatamente le comentaron el plan, no estaba muy de acuerdo, pero sabía que esa era la única opción que había, aunque implicara la posible destrucción de la tranquilidad familiar. Se sentaron en el comedor en medio del silencio y la duda, no sabían cuál de los tres iba a hablar primero, pero Jorge, qué era el más afectado por la misteriosa situación, tomó la iniciativa. Sin dar rodeos esperó a que todos terminaran de comer, una vez desocupada la mesa, les anunció que era necesaria la presencia de todos para aclarar un asunto que desde hace días les estaba preocupando. Ruth se mostró extrañada y a la expectativa del anuncio que tenía Jorge.
De manera cautelosa saca de su bolsillo trasero las fotos, temblando las pone sobre la mesa en orden cronológico y por medio del silencio busca en sus miradas una respuesta. Leopoldo se quedó mudo al igual que Ruth, en sus rostros se evidenciaba el pánico, la mandíbula de Ruth empezó a temblar, aunque de manera voluntaria intentaba que no se notara. Antes de poder decir cualquier palabra les suplicó entre lágrimas que no la fueran a juzgar, que todo tenía una explicación. El mayordomo miraba muy rápidamente de lado a lado, se veía muy desconcertado, de su boca no salía una sola palabra, como si estuviera esperando que Ruth diera todas las aclaraciones al respecto. Ruth seguía llorando, como si tratara de desviar la atención, pues sabía que era una situación que no era fácil de entender. Jorge retiró las fotos de la mesa para bajar un poco la presión mientras continuaba con su mirada inquisitiva. Por su parte, Ruth vio la necesidad de ir al sótano por más fotos para poder explicar a la familia con detalles el asunto de las fotografías y dar una completa explicación. Mientras Ruth se fue, Jorge notó que los sonidos extraños se incrementaban en su cabeza, era como un murmullo de voces que pronunciaban palabras incomprensibles, mientras miraba asustado a sus familiares pudo notar que el mayordomo lo miraba fijamente, como si supiera lo que le estaba sucediendo.