Después de un largo silencio y de analizar detenidamente la fotografía, Ana, Jorge e Isidro determinaron que efectivamente el hombre de la fotografía era Leopoldo, el mayordomo; o si no lo era, se trataba de algún familiar con sus mismos rasgos, pero la última opción era la menos probable, era imposible tanta coincidencia. Jorge sugirió seguir buscando más fotos, tal vez así podrían aclarar un poco más la situación. Así, cada uno destapó algunas de las cajas que habían guardadas en un gabinete viejo. En la caja que Ana estaba revisando habían otras fotos, muy aterrada llamó la atención de Jorge y de su padre para que vieran el gran misterio. Allí había una fotografía del año 1850 con el nombre de Leopoldo Pascual al final del cuadrado, esa fecha concuerda con la de las otras fotografías. Pudieron hacer dicha relación gracias a la calidad de la fotografía, pues fue de las primeras fotos que se sacaban por medio del betún de Judea, que a su vez era extendido en una placa de plata mientras se dejaba expuesto algunos días. La fotografía, aunque estaba un poco desgastada, permitía percibir con claridad la figura del mayordomo. Teniendo esas dos evidencias eran muchas las dudas que surgían, ¿Había robado Leopoldo la identidad de su bisabuelo? ¿Existían más fotos de aquella época? ¿Tenía Ruth conocimiento de las fotos? ¿Por qué estaban en su caja de recuerdos? ¿Por qué ella lloraba cuando veía las fotografías? La familia estaba consternada y con la certeza, aunque un poco difícil de aceptar, de que Leopoldo aparecía en las fotos de los años ochenta.
Decidieron seguir buscando en las fotos más recientes para ver si encontraban algo más, pero a lo lejos se escuchaba que alguien venía hacia adentro, pues los vasos de aluminio que Jorge había dejado en la ventana hicieron ruido. De inmediato guardaron todas las fotografías y las dejaron en su lugar, se percataron de recoger las cerillas que habían utilizado y de llevarse la linterna para que Ruth no sospechara nada, pues querían investigar más antes de confrontarla. Mientras tanto Ruth y Leopoldo encuentran extraño que la puerta principal estaba cerrada desde adentro, razón por la que tuvieron que ingresar por la ventana principal, pero ¿Y los vasos? ¿Dónde estaban los hermanos? ¿Estarían haciendo travesuras? ¿Qué misterio estaban escondiendo? Entraron a revisar la casa pero no los encontraron, luego Ruth se percata de que la puerta del sótano está abierta y el candado dañado. Entra de inmediato y en medio de la oscuridad a causa de la corta luz de la linterna ve a su esposo y a los hermanos muy asustados, al preguntarles el motivo, el padre menciona la existencia de un ratón, el cual estaban intentando matar pero se metió al sótano por un hueco, por esa razón tuvieron que estropear el candado, para poder buscarlo. ¿Y el ratón? ¿Dónde está? Pregunta Ruth con tono inquisitivo. Jorge menciona que ya lo iban a capturar pero que con el ruido de los vasos logró huir. Sin embargo, Ruth se pregunta sobre el motivo de poner tranca interna a la puerta principal. Frente a esta cuestión Ana intenta hacer caso omiso y distraer a la madre haciendo énfasis en la necesidad de capturar el ratón. La presencia de Isidro también le resulta extraña, pues siempre que trabaja no regresa hasta el atardecer. ¿Por qué estaba Isidro justamente en casa? La madre no creyó muchas de las cosas que le dijeron los hermanos y su esposo, pero como se estaba haciendo un poco tarde decidió ir a cocinar algo para cenar.
El mayordomo también estaba extrañado por el misterioso comportamiento de la familia, así que sin más reparos le preguntó a Isidro cuál era el motivo de regresar tan temprano a casa, ya que no era lo habitual. El padre argumenta que justamente en medio del descanso de medio día, mirando las hojas frescas y marchitas, logró caer en cuenta que casi nunca pasaba tiempo con sus hijos, siempre estaba trabajando y quería aprovechar el máximo su tiempo con ellos. Por esa razón iba a dejar su trabajo todos los días un poco más temprano para venir a casa a jugar, realizar tareas, leer, o hacer cualquier actividad con ambos. Leopoldo y Ruth se mostraron sorprendidos, mientras Jorge y Ana no podían ocultar su cara de felicidad en medio de tanta incertidumbre. Enhorabuena Isidro llegó temprano a casa, pues les cuenta como si fuera un aventurero, los grandes problemas que tenían los hermanos con el ratón, menciona que Jorge, en medio de su inocencia, cerró la puerta principal para que otros ratones no lo pudieran ayudar. Y como vio que el padre pudo entrar por la ventana decidió organizar algunos vasos para enterare de la posible presencia de otros ratones. La madre se ríe, pero duda un poco de la historia de su esposo, pues Jorge siempre ha sido un niño muy inteligente y se le hace extraño que haya tenido ese razonamiento tan irracional. Incluso, al mismo Jorge le parece un poco absurda la historia, pero le sigue la corriente a su padre para no levantar sospechas. Con eso se da cuenta del gran desconocimiento que tiene Isidro de sus hijos, ni siquiera sabe cómo son en la cotidianidad. Isidro le comenta al mayordomo la posibilidad de intercambiar labores para que ambos pasen tiempo con los hermanos, él trabajaría en la mañana en el bosque y Leopoldo en la tarde, así, ambos aportarían la misma cantidad de energías al hogar. Frente a esta cuestión Ruth se encuentra en desacuerdo, pues hace énfasis en que Leopoldo es un hombre mayor y por ende debe hacer menos esfuerzos.
¡Leopoldo siempre ha sido un hombre mayor! Grita Jorge, pues es como si no le pasaran los años, desde que la familia lo conoce siempre ha estado, al menos en apariencia, de la misma manera, con un aspecto canoso y cansado. Leopoldo ríe para bajar la tensión generada por la propuesta de Isidro, la cual acepta sin mayor recelo. La madre cambia el tema felicitando a Ana por sus buenas calificaciones, aunque la maestra de la escuela se quejó ante esta por la reiterada inasistencia de Ana, quien a pesar de ser una niña muy inteligente podía tener problemas a causa de esa situación. La niña culpa a la falta de recursos económicos el hecho de no asistir siempre a la escuela, pues como tenía que caminar tanto, muchas veces llegaba tarde a la primera hora y ya no la dejaban entrar. También, cuando hacía mucho frio le era imposible salir de su casa, pues el camino estaba lleno de barro y llegaba muy sucia, aspecto que era mal calificado en la escuela. El puente de madera que era necesario para cruzar el rio, con la lluvia se ponía muy resbaloso, pues las personas cruzaban con barro en sus zapatos y se volvía muy peligroso. Así, Ana decidió culpar solo al clima, sin mencionar las veces que estaba en el pueblo y no asistía por ir a buscar datos para la investigación que tenía con su hermano. Solo lamentos y quejas quedaron en el tintero, el padre y los hermanos sabían disimular muy bien todas las incertidumbres y el miedo que les generaba lo que habían descubierto. Ahora solo quedaba pensar cómo sacar a Ruth de la casa por las tardes cuando fuera el turno de trabajo de Leopoldo.
El día siguiente fue solo de observación para Jorge. Isidro salió a trabajar muy temprano mientras Ana fue al pueblo para conseguir un somnífero y dárselo al mayordomo en una bebida para que no rindiera en el trabajo, y por ende, Ruth tuviera que socorrerlo. Los planes salieron según lo planeado, Ana regresó justo a la hora del almuerzo y con mucha cautela puso algunas gotas del medicamento en el vaso de limonada del mayordomo. En los ojos de Isidro y Jorge se veían los nervios y la tensión, pues no estaban muy seguros del plan de Ana, temían que Leopoldo pudiera reaccionar mal y tuviera que visitar, por primera vez en su vida, un hospital. La madre podía notar que el ambiente en la mesa estaba un poco tenso, pero no le prestó mucha atención, pues no había motivos para hacerlo. Terminan de almorzar y el mayordomo inicia su turno en labores de campo, mientras Isidro junto a Jorge leen una novela de ficción. La madre hace el aseo de la casa al tiempo que canta sus canciones de recuerdo. Ya han pasado casi tres horas y no hay noticias del mayordomo, motivo que preocupa a Ana, pues solo quedaba una hora de trabajo y no sería tiempo suficiente para revisar todas las fotos. Isidro mete un poco de cizaña en la cabeza de Ruth, pues si bien el padre estaba acostumbrado a trabajar muchas horas seguidas, siempre había un momento de la tarde en que se le veía cerca descansando y tomando algún refresco. Por esa razón, le sugiere a Ruth que algo malo puede haber pasado. Ya en su mente se asegura a sí mismo, que el hecho de que el mayordomo no regresara para descansar aunque fuera unos minutos, significaba que el somnífero había hecho efecto.
Ruth se preocupa y decide ir a buscarlo con una botella de agua fría. Tras varios minutos de caminata logra ver un cuerpo sobe una gran roca recostado, casi como sin vida. Corre hacia él, con gran preocupación lo sacude mientras grita pidiendo ayuda, pero fue en vano, a esa distancia era muy difícil que alguien la escuchara. No sabía si dejar el cuerpo para ir por ayuda o esperar a que se despertara, pues dejarlo solo era un poco peligroso. Se sentó a su lado mientras palpaba su respiración en la vena del cuello, también le puso un poco de agua en la frente y en la parte trasera de la cabeza. ¡Al menos respira! Pensaba Ana. Por otra parte, en la casa los dos hermanos y el padre estaban ya en el sótano revisando las otras cajas, Jorge encontró unas fotografías del año 1900, allí había un foto familiar, en ella estaba Clemencia, la abuela materna de Ruth, hija de la bisabuela que se encontraba en la foto de los ochentas con Leopoldo. Para su sorpresa, pudo notar que Leopoldo también estaba en esa foto, es como si hubiera acompañado a las dos generaciones. Sin entender nada de lo que pasa siguen buscando, Isidro se queda perplejo al ver otra fotografía en la que sale el mayordomo, esta vez en compañía de su suegra, o sea, la madre de Ruth. ¿Cómo podía Leopoldo acompañar tres generaciones? ¿Es posible que una persona viva tantos años? ¿Cómo hacía para mantenerse vivo? ¿Por qué Ruth nunca les había mencionado sobre ese secreto? Eran muchas las preguntas y pocas las respuestas de estos tres sujetos. Por más que miraban las fotografías en conjunto una y otra vez no encontraban diferencias de ninguna clase con respecto a la figura que representaba a Leopoldo, era el mismo y tenía en todas las fotos la misma edad que en la actualidad. Se quedaron con tres fotos, donde estaba con la bisabuela, la abuela y la madre de Ruth. Volvieron a acomodar las demás en las cajas, percatándose de dejar las fotos de la bolsa negra de tela intactas, pues esas eran las que, según Jorge, Ruth miraba con frecuencia. Ya estaba cayendo la tarde, Ruth no había llegado aún y mucho menos el mayordomo, con toda la incertidumbre y la rabia por el silencio de Ruth, decidieron no ir a buscarlos y esperar a que llegaran. Salir a esa hora ya era peligroso para Jorge, un niño pequeño, y más para Ruth, una adolescente en toda la flor de la adolescencia. Isidro tampoco quería dejarlos solos, por más lejos del pueblo que vivieran, a veces en la tarde-noche era peligroso, podían aparecer ladrones y llevarse lo poco que habían conseguido con mucho esfuerzo. Si el padre se iba, no quedaba alguien para defender la casa.