Amaia Al despedirnos de Uriel los niños y yo tomamos una ducha, el aseo matutino es de suma importancia, al quedar todos listos, mi pequeño galán luce precioso, las niñas, igual a dos princesas y su madre como una reina, dicho por el par de gemelas parlanchinas. Jugamos unos cuantos minutos y sin esperar más camino hacia la cocina con mis pequeños, deben comer justo a tiempo o el mal humor se vuelve parte de ellos. Más Joshua, pasa de ser el niño más alegre al más obstinado e irritante del mundo. Para mi fortuna o mi desgracia depende el punto de vista que se mire Ariel ya se encontraba en la estancia, con un delantal puesto, la estufa encendida y cortaba a la misma vez verduras y vegetales. La incomodidad invade mi ser cuando repasa mi cuerpo de arriba abajo. —Buenos días, sobrinas her

