¡Debemos hablar! Dos sencillas palabras que hacen colapsar mi cuerpo, tontamente el terror me invade, dejé a los niños con la Nana y caminé tomada de la mano con Uriel. Nos adentramos al estudio de mi desagradable cuñado y al cerrar la puerta mi pulso se aceleró, causando que mis nervios reinen mi cuerpo. Algo no está bien, observó preocupación en los ojos de Uriel, son tantos escenarios los que imagino, en este instante no me siento segura del todo, aparte no sé si mentirle a mi esposo sobre el intento de Ariel en seducirme. Es tan difícil esta situación, sus chantajes me dan asco, el muy maldito no le importa su familia, es un infeliz que nunca cambiará su postura, le prometió a su hermano que no se acercaría a mí. Sin embargo, desecho su promesa, ya que fue lo primero que hizo al notar

