Capitulo 3
Acepto.
Mi mamá pasó la noche bastante mal, estaba demasiado preocupada, no quería perderla, pero, a este paso sabía que si no la veía un buen medico podría empeorar e incluso morir, no tenía el dinero suficiente para ver a un medico bueno, el único que tenia ese dinero era Richard, debía aceptar su propuesta.
Debía convertirme en Emily Bennet para lograr salvar la vida de mi madre, es por ello que tenía un nueva propuesta para Richard.
—Aceptaré tu propuesta, pero tengo una condición. — Le dije a Richard mientras entraba a su despacho.
—No tienes ningún derecho para poner alguna condición. — Dijo secamente.
—Solo pienso aceptar si le pagas todo el tratamiento a mi madre, míralo de esta forma, yo pasaré el resto de mi vida con un hombre al que no conozco, lo menos que podrías hacer sería pagar todo el tratamiento, es lo único que pido, me parece un trato justo.
Richard se me quedó mirando expectante, sabía lo que estaba pensando, por que sí, era así. Richard solo me miraba porque sabía que había sacado sus dotes de negociadora, a la final éramos padre e hija y por más que eso quiera negarse, la vida no lo permite.
—Lucas Landcaster es un hombre muy importante, su familia tiene negocios en todos los continentes, no puedes fallar, debes estar a su altura, debes impresionarlo, llamaré al medico y mientras él se encarga de revisar a tu madre, tu tomarás clases, no puedo permitir que cometas algún error el día de nuestro encuentro, será dentro de 6 días, para ese día tendrás que saberte comportar de la manera correcta, tendrás que saber hablar con clase y muy importante, tendrás que usar la ropa adecuada — resoplé en la ultima parte, no quería usar esos ridículos vestidos que suele usar Emily, jamás los he usado pero estoy completamente segura de que no es algo muy cómodo.
—Está bien, tenemos un trato. — Dije y salí de su despacho.
Caminé rápidamente hasta mi habitación para ver a mi madre, no quería dejarla sola ni un segundo. aún me faltaban unos metros para llegar a mi habitación pero desde donde me encontraba podía escuchar los quejidos y tos de mi madre, me apresure a llegar a la habitación.
al entrar vi a mi madre tendida en la cama tratando de tomar un vaso de agua que estaba en su nochero, pero sus mismos quejidos no las dejaban, corrí hacia ella y alcancé el vaso con agua. La ayudé a levantar un poco y le di de beber.
—Hoy vendrá un médico a revisarte, te prometo que estarás bien — le dije mientras sobaba su cabello.
—No tenemos dinero para un médico, no quiero que te preocupes por mí, yo ya viví lo que tenía que vivir, procura siempre hacer lo que te hace feliz. — me dijo con mucho esfuerzo, yo ya había comenzado a llorar.
—No digas eso madre, además, ya arreglé todo para que el médico venga verte, vas a estar bien.
—Pero, ¿Cómo? no tienes dinero para pagarme un médico.
—Mamá, ya no pienses en eso, ya te dije que arreglé todo, el médico vendrá a verte pronto, tu solo mejórate, por favor, no sabes lo mucho que te necesito.
—Apenas me recupere prometo ayudarte a pagar eso.
—No hay que pagar nada madre, tú solo recupérate, cuando estés bien, prometo contarte todo, estaremos bien.
Mamá me miró, sabía que esperaba una explicación pero aún no podía dársela, primero debía mejorarse y luego le explicaría todo, pero sabía que ella no iba a aceptar que yo me casase con un extraño, se volverá loca cuando se entere, solo espero que entienda que lo hice por su salud, necesito que ella este bien.
Unos golpes en la puerta me sacaron de mis pensamientos, dejé a mi mamá de nuevo en su lugar y caminé hacia la puerta, Grecia estaba allí parada con una sonrisa de oreja a oreja.
—¿Por qué estás tan feliz? — pregunté mientras las miraba con curiosidad.
— Te tengo una muy buena noticia, está es la oportunidad perfecta para que triunfes, lograrás abrir tu propio restaurante, no volverás a depender del patán del señor Bennet. — Dijo Grecia, mi mente solo se había quedado en la parte "lograrás abrir tu propio restaurante"
—¿De qué se trata? — preguntó mi madre desde su cama. Grecia entró emocionada y se sentó a los pies de mi madre.
—Mira albita, es una oportunidad perfecta para Dafne — cerré la puerta y caminé hacia mi cama para sentarme allí. — Habrá un concurso de Chefs, bueno, más bien es un evento, importantes empresarios de la ciudad quieren ser socios del mejor cocinero de la ciudad, no tienes que ser profesional y es perfecto ya que tú no has estudiado nada relacionado a ello — Dijo mirándome — el único requisito que hay es que debes tener más de 3 años de experiencia y tú tienes mucho más de 3 años de experiencia.
—¿Quién me certificará la experiencia? — pregunté preocupada.
—Eso debe hacerlo el señor Gilbert, él es capataz de está hacienda, es el encargado de todos los empleados, él es quién hace todas esas certificaciones — respondió con calma.
—Entonces ve a hablar con el señor Gilbert hija, él es un buen hombre, estoy segura de que hasta te recomendará. — Dijo mi madre con ilusión, yo suspiré.
Tener un restaurante era el sueño de mi vida y la oportunidad de que esto se volviera realidad me emocionaba tanto que hasta sentía como me temblaba el cuerpo.
—Grecia, ¿cuidarías a mi mamá unos minutos? iré a hablar con el señor Gilbert, y muchas gracias por haberme avisado, corrí hacia ella y la abracé con fuerza.
—Ve ve, yo cuidaré a tu madre. — me dijo con una sonrisa.
Salí de la habitación a toda prisa, debía buscar al señor Gilbert y pedirle aquel certificado. Duré unos 15 minutos buscando al señor Gilbert, el lugar era tan grande que a veces buscar una persona se hacia tan tedioso como buscar una aguja en un pajar.
—¡Señor Gilbert! — Le grité a lo lejos y corrí hacia él. — que bueno que lo veo, llevo unos minutos buscándolo.
—Buenas tardes señorita Dafne, ¿a qué se debe su visita? — El señor Gilbert era un señor de unos 70 años, era bastante educado y muy comprometido con su trabajo, y a pesar de su edad, decía que solo dejaría de trabajar cuando estuviera muerto.
—Quería pedirle un favor, necesito un certificado de experiencia laboral, es para un evento que habrá, si lo gano, tendré la oportunidad de tener mi propio restaurante. — Le dije emocionada.
—¡Pero que alegría pequeña!, no sabe lo mucho que me gusta escuchar eso, te conozco desde bebé, la cocina es algo que corre por tus venas, sé que ganarás — dijo y dejó su trabajo a un lado — iré a preparar el documento, le pediré a mi hija que me ayude a redactarlo, eso de los ordenadores no es algo que se me de, llevaré el documento a tu habitación apenas lo tenga.
—Se lo agradezco mucho señor Gilbert — Le dije con una sonrisa y con emoción volví al cuarto de mi madre.
Me preocupó ver la puerta de mi habitación abierta y a algunas empleadas en el lugar con cara de pena, mi corazón se estrujó pensando lo peor, corrí tan rápido como pude y entré a la habitación. Grecia sollozaba mientras abrazaba a mi madre, mi corazón palpitaba a mil por segundo.
—¿Qué es lo que pasa? — pregunté sin voz.
—Tu madre... tu madre... — Intentó decir Grecia entre sollozos.
—¿Qué pasa con mi madre? — pregunté con el corazón en la mano.