Capitulo 2

2334 Palabras
Capitulo 2: Me niego Dafne. Al día siguiente me cuesta bastante trabajo levantarme de la cama, mamá ha pasado una muy mala noche, últimamente está muy débil y como compartimos habitación, he escuchado cada una de sus quejas durante la noche y he intentado mil cosas para hacer que pasara una buena noche, pero ella simplemente no lo hizo. La temperatura le subió, tuvo bastante tos y temblaba. No fue sino hasta las cuatro de la mañana que pudo dormirse y después de eso yo no pude pegar ningún ojo, en este momento no tenemos ahorros y sé que debo llevar a mamá al doctor antes de que contraíga una enfermedad peor. Es por eso que con la angustia a tope, decido que tengo que ir a ver a Richard para que me permita poder llamar al doctor de la familia para que examine a mi madre, sé que me costará un ojo de la cara y tal vez horas de trabajo extra, pero no me importa. Primero está la salud de mi mamá antes que nada. Me levanto de la cama mucho antes de que suene el despertador, de todas maneras ya no puedo dormir, entro a la ducha y me doy un largo baño con agua caliente, luego me visto tal y como lo hago siempre, con pantalones sueltos y una blusa de manga larga y sobre esta un corset. Sé que acá odian la manera en la que me visto, pero a mí me gusta muchísimo mi estilo, así me puedo mover con mucha más agilidad en la cocina y puedo también ir al huerto y cosechar las frutas y verduras que necesito para hacer mis recetas. Me paso por alto el tema del código de vestir porque para mí primero está la comodidad que la elegancia. No puedo cocinar bien si tengo una falda larga o abultada haciéndome estorbo. O incluso esos mini vestidos que usan las mucamas, por dios, lo podría agacharme a cosechar sin que se me viera hasta los pensamientos. Junto con la tos de mi madre y la infidelidad de Josh yo no sé en qué tipo de infierno terminé llegando, pero decido tomar todo con calma, no me voy a morir por una infidelidad, pero si podría morir si a mi madre le llegará a suceder algo que yo pude evitar. Camino con rapidez hacia la cocina, hoy quiero preparar unos tamales, es el desayuno favorito de Richard y para convencerlo de que me ayude con mamá él debe tener buen humor y ya se sabe lo que dicen por ahí de que a los hombres se les conquista por el corazón. Saludo a algunos capataces que comienzan su labor desde antes de que salga el sol y me pierdo en la cocina a preparar mi receta de tamal. Para cuando es la hora del desayuno, la cocina huele riquísimo e incluso mi tripa ruje ante el olor tan delicioso que emana el lugar. —¡Pero que delicia! —sonrio ante la voz de Grecia, ella es una mujer que de encarga de el orden de la casa, ha estado trabajando acá desde siempre... Al menos desde que yo existo sé que ella siempre ha estado y ya tengo veintidós años. —Tu siempre tan hermosa nena, nadie más podría llegar a hacer cosas deliciosas. —Gracias, gracias, pero no tienes que adularme, te he guardado uno —le guiño un ojo cuando la escucho gritar de alegría y me hace reír. Ella y mamá son como las mejores amigas. —Mamá no ha estado bien —comienzo a decirle y ella suelta la respiración poco a poco dándome toda su atención —, hablaré con Richard... —El señor Bennett —me corrige ella y yo pongo los ojos en blanco, ella sabe que es mi padre porque como ya dije siempre ha estado con mi madre, pero me hace llamarlo señor Bennett para que nadie sospeché nada, pero a mí se me hace tan difícil. —Hablaré con él para que puedan atender a mamá en casa —continuo diciendo — y no me importa trabajar horas extras, anoche pasó una noche de perros. —Te ayudará seguro, no es un ogro.. Hago una mueca con mis labios... Yo no estaría tan segura de eso, pero me abstengo de decirlo. —Aunque con lo que sucedió ayer tal vez este más gruñón —muerdo el interior de mi mejilla y ella suelta una maldición —, perdón cielo, olvidaba que era tu novio. —No pasa nada, incluso él lo olvidó. Suelto una risa cargada de tristeza mientras rasco mi cuello.. —Ay nena, él era muy poco hombre para ti, mereces a alguien que siga tus sueños y no los frene. Ella escuchó un día como Josh se quejaba de que yo nunca conseguiría crear mi propio restaurante, que solo nací para ser la cocinera de esta familia y nada más, desde ahí lo odia y me imagino que ahora lo estará odiando aún más. —Bueno... Si, no me preocupa eso en este momento —miro la hora en el reloj y veo que ya es hora de empezar a servir —, tengo que seguir trabajando, ya te contaré luego cómo va mejorando mamá. —Y yo iré a verla cuando tenga un tiempito libre, gracias por el tamal muñeca, está delicioso. —¡Ni siquiera lo has probado! —No necesito hacerlo para saberlo, tú haces magia. —Ya, ya... Para que me harás sonrojar. Ella me lanza un beso que yo finjo esquivar, me mira con los ojos entrecerrados antes de salir por la puerta de la cocina fingiendo estar indignada. Río y sigo con lo mío, debo hablar con Richard luego del desayuno, no puedo dejar que se vaya. Así que mientras la familia real, como suelo llamarlos, desayuna, yo los observo desde lejos mordiendo mis uñas en ese fastidioso tick nervioso que tengo y que no puedo dejar nunca por más cosas que haga. Observo al hombre que me sembró en mi madre, horrible elección de palabras, lo sé, él se deleita con el platillo que he preparado y parece tan de buen humor que incluso conversa con Josh, quién claramente está al lado de Emily que luce bastante feliz mientras Ágata es la única que tiene el rostro fruncido en una clara expresión de fastidio. El usar tanto botox le ha causado que se vea mal, no puedo decir que se ve bien porque no lo hace. Lastimosamente los procedimientos estéticos que se ha hecho la han dejado más fea de lo que era, recuerdo que hace algunos años ella era muy hermosa, con el cabello n***o como el de su hija tan largo y brillante, con la cara sin una arruga y siempre tan bien maquillada, ahora su rostro ha dejado de ser perfecto y con sinceridad digo que es una lástima ver qué una mujer que solía ser tan hermosa ahora solo da miedo y es que lo único que tenía bonito era el físico porque su personalidad siempre ha sido horrible. —Deja de mirarlo y ve —me dice Grecia volviendo a la cocina. —Aun no ha terminado —respondo sin mirarla. —Que no se te escape —dice antes de abrir la nevera y sacar su tamal. —¿Le podrías llevar el otro a mamá por favor? —Claro nena —los calienta en el microondas, yo solo escucho, no dejo de mirar a Richard, tanto que él constantemente me mira esperando que hable, pero yo simplemente espero. —¿Se te perdió algo? —doy un pequeño brinco cuando escucho una voz a mi lado y veo a Ágata. ¿En qué momento se levantó de la mesa y caminó hasta acá? —Solo me estoy asegurando de que les haya gustado los tamales. —Pues entonces deja de mirarnos de ese modo y si llegas a pensar que una comida nos puede disgustar entonces mejor no hagas nada. —Con un simple gracias es suficiente —ella me mira con rabia y para hacerla enojar más le muestro una pequeña sonrisa. —Algún día te veré lejos de acá y seré muy feliz.. —También espero el día que Richard se de cuenta de que lo está engañando con el veterinario y te saque a patadas de esta casa —su rostro palidece y yo sigo sonriendo —. Si, como que tú secreto no es muy secreto. Miro mis uñas haciéndome la desinteresada, realmente el veterinario es un buen hombre y no digo nada es porque le cae bien, solo no comparto que le guste Ágata. —Ay de ti donde le cuentes a alguien, Dafne. Sabrás de mi donde yo me enteré que de tus labios ha salido una sola palabra sobre mi vida y lo que hago con ella. Me encogí de hombros sin darle importancia, sus amenazas me valían muy poco. —¿Entendido? —Como sea —me encogí de hombros y decidí ignorarla, ella suspiro con fuerza y golpeo el suelo con sus tacones antes de bufar y dar media vuelta. Para cuando volví a mirar al comedor me di cuenta de que Richard ya se había ido y maldije por mi mala suerte. ¡Me distraje con esa bruja! Comienzo a correr pasando por el lado de Josh quién me mira como un perrito abandonado y yo lo ignoro olímpicamente, subo las escaleras a gran velocidad de dos en dos ¡Ja! Es algo que no podría hacer si usara vestido. Richard tiene su oficina en el segundo piso de la casa, se supone que yo tengo la entrada prohibida a ese lugar y digo se supone porque siempre me pasó esas reglas por ya saben... —¡Richard! —exclamo cuando lo veo a lo lejos entrando a su despacho, me mira por sobre su hombro con una mueca en sus labios y la nariz fruncida. Es horrible lo que diré, pero me parezco bastante a él. Nuestros ojos son del mismo color azul oscuro casi grises, cejas pobladas y cabello castaño oscuro, el de él ahora tiene muchas más canas, pero antes era igual al mío, es por eso que es imposible negar nuestro parecido y cuando llega alguien ajeno a la familia yo soy encerrada cual Rapunzel. —¿Qué quieres Dafne? Ahora no tengo tiempo para tus estupideces. Mi hija se casará con tu novio y no voy a cambiar de opinión. —No es sobre eso y él claramente ya no es mi novio —ruedo los ojos mientras me cruzo de brazos —. Es sobre mi madre. Eso sí lo hace mirarme con fijeza, mamá es un tema delicado para él, no porque la quiera o algo por el estilo, es más como que se arrepiente cuando la mira y mucho más cuando ve el producto de esa aventura... Y vaya que me tiene que ver seguido.. —¿Qué sucede con Alba? —pregunta cruzándose de brazos tal y como yo lo hice antes. —Está enferma y necesita a un médico que la vea, por favor pídele a tu médico que venga y le haga un chequeo, prometo pagarte con horas extras y trabajando en las caballerizas. Las caballerizas es uno de los lugares que más vacantes tiene porque nadie quiere lidiar con la mierda de los caballo, son salvajes y pocos han podido ser domados por lo que es una odisea ir a ese lugar. —No le pediré al buen doctor que venga a ver a una simple empleada. —¡Es mi mamá! —le grito con una notable molestia. —Por favor, por favor, haré todo lo que te pido. Él entrecierra sus ojos y piensa durante unos segundos. —Quiero que te hagas pasar por Emily cuando lleguen los Lancaster la próxima semana y te cases con su hijo. Una pequeña risa comienza a brotar de mis labios antes de terminar riendo a carcajadas. —Disculpa, creo que he entendido mal —me seco una lágrima con el pulgar y lo miro mientras respiro hondo —, creo escucharte decir que me casaré con un desconocido solo porque la tonta de Emily se ha embarazo del primer idiota que la tocó. —No es un chiste, Dafne. Te casarás con Lucas Lancaster. Vuelvo a reír con fuerza hasta que poco a poco la risa se me va acabando cuando veo que lo dice con bastante seriedad. —¿Disculpa? ¡Por supuesto que no! —Entonces deja a tu mamá morir. Lo dice tan serio que el pecho me duele, me sorprende demasiado sus palabras, creí que llegaría a convencerlo, pero no me esperaba tal respuesta. ¿Acaso se volvió loco? ¡Yo no soy una Bennet! No reconocida oficialmente, no podría fingir ser Emily porque simplemente tenemos un mundo de diferencia, yo al menos si tengo cerebro, no como la hueca de su hija. Niego con mi cabeza mientras doy pasos hacia atrás. —No voy a caer en esos juegos de porquería, yo no tuve la culpa de que tu hija fuera tan fácil, no corregiré los errores de ella y tranquilo, buscaré la manera de que algún doctor vea a mamá. Gracias por nada. Le doy una sonrisa fingida mientras me doy la vuelta y bajo velozmente las escaleras. ¿Qué clase de propuesta fue eso? ¡Está loco! Pero entonces, cuando en la noche mamá tose con fuerza que incluso bota sangre por su boca y parece quedarse sin respiración y sus labios se ponen morados, sé que yo no lograré conseguir el dinero para un médico mediocre, debe verla un buen médico y la única manera de poder hacerlo es aceptando la propuesta de Richard. Por eso es que al día siguiente vuelvo a su despacho con la cola entre las patas y unas ojeras enormes y acepto el trato. Ya no sé en qué me he metido.
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