Isabel sin dudarlo ni pensarlo arrojó una daga hacia Ariel, este en un acto reflejo, saltó hacia el lado para salvarse, y cayó directo sobre su madre tirándola al suelo. Luego saltó de nuevo, cayendo con sus patas delanteras sobre el pecho de la mujer, hizo presión con todas sus fuerzas al tiempo que mostraba sus colmillos, mientras la saliva goteaba sobre María Isabel, su molestia era evidente y no estaba dispuesto a perdonarle la vida. La mujer aterrada, gritó. —Sácamelo de encima Eduardo— Eduardo no hizo caso a los gritos de la mujer, estaba pendiente de la niña que sollozaba atada sobre la mesa de piedra. Ariel levantó su pata izquierda, cuando estaba a punto de dar el manotazo en la cara de la mujer, Benjamín lo impidió al gritar. —No lo hagas, si lo haces cargará en tu conciencia

