—Te ayudaremos, pero no te dejaremos aquí. Necesitas un médico. —No, déjenme. Cuando estábamos en el puente, tu madre lanzó algo que golpeó mi espalda, fue algo frío, lo sentí, y comencé a sentir frío en mi pecho. No hay nada que puedan hacer por mi. Y no servirá de nada un médico. Omitió la parte que todo indicaba que lo que sea, halla arrojado Maria Isabel, iba directo a la niña o Ariel. Era hora de partir, Ángel se iría en paz, sabiendo que el último tiempo, hizo cuanto pudo por ir en ayuda de quienes lo necesitaban— me iré tranquilo, mi prima y sobrina, quedan en buenas manos, he cumplido la promesa hecha a mi madre y a mi tía. Las he extrañado demasiado, si hay un Dios y una vida después de esta, entonces las encontraré y a mi padre también. No pediré que las cuides, se que lo harás,
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