Meses después El tiempo había pasado, casi sin que Lía se diera cuenta. Entre todo lo que habían vivido, las revisiones médicas de su embarazo, el trabajo, porque no quería quedarse cruzada de brazos, estaba acostumbrada a trabajar y eso no iba a cambiar porque tuviera un marido rico y ella fuera ahora una heredera. Conoció a su bisabuela, poco después de que supo que era una Vernazza, pero, lamentablemente, estaba muy mayor y no fue mucho lo que pudo disfrutarla, porque un mes después de regresar de luna de miel murió. Y así los días fueron deslizándose como páginas de un libro que no quería terminar. Comenzó la primavera trayendo consigo un aire tibio que olía a flores y a promesas cumplidas. Y, como si la vida hubiera elegido el momento perfecto, la madrugada en que la brisa entra

