Sebastián me esperaba en su estudio. Una mujer muy amable y que se presentó como su madre me invitó a pasar para ofrecerme algo de tomar antes del estudio. Le agradecí diciendo que ya había comido suficiente en casa y que no era necesario así que me llevó hasta la habitación. - Hola, Diego. - Un caluroso saludo del maestro me distrajo la respiración que se entretenía intentando descubrir el tipo de olor en la casa. - Hola, maestro. Ya vine. - Dije atento. La mujer se retiró a su dormitorio para dormir la siesta y en el mismo instante en que el hombre cerró tras de sí la puerta me di cuenta de que mi vida jamás iba a ser igual a pesar de todo. - ¿Cómo te sientes? - Preguntó sin dejar de mostrar sus dientes en la sonrisa amplia. - Bien, todo está muy bien. - Respondí viendo al suelo. -

