ANNA KALTHOFF 6 meses después, aproximadamente —¡Puja, Anna! ¡Puja! —me piden. Gruño, chillo, pujo, grito, rechino los dientes y vuelvo a pujar. Exhalo, exhalo y vuelvo a exhalar, y pujo otra vez. Repito todo aquello varias veces. Estoy empapada en sudor y las contracciones me están torturando. El dolor se extiende por todo mi abdomen, mi ingle y mi espalda. Siento como si me estuvieran partiendo por la mitad y el aire se escapara de mis pulmones. Las contracciones son constantes. Una tras otra y no me dan ni un instante de sosiego. Han sido meses y meses de angustia. Las pesadillas regresaron, la histeria se apoderó de mi miles de veces. Y me compadezco del pobre de Cristhian, que tuvo que soportar mis ataques de pánico durante tanto tiempo. Veía a Miranda por todas partes.

