Alexander ― ¡Mientes! ―grité mientras cubría a Roberta con mi sacó ―claro que no, si no me crees porque no le preguntas a ella ―exclamó mientras escupía un poco de sangre ― no te daré ese gustó ―le respondí y cargué a Roberta entré mis brazos ―pues ella sí que me dio gusto a mí, y mucho ―exclamó riendo, pero salí de ahí sin decir nada, la cara de Roberta se miraba angustiada, sabía que le preguntaría de lo sucedido ―Alexander yo… ―shhh ―la callé ―no digas nada, hablaremos cuando lleguemos a casa. Todos miraban como salía de ahí con Roberta cubierta solo con mi sacó, así que me apresuré a salir de ahí. Cuando llegamos a la mansión la llevé directo a la habitación y la recosté en la cama ―vístete ―ordené ―Alexander ―dijo ella preocupada por mi seriedad ― ¿Por qué fuiste a verlo? ―

