Un vestido para la novia

1410 Palabras
Tomé las llaves de mi coche y me dirigí hacia la universidad, cuando llegué, corrí a los dormitorios, mas bien al dormitorio de Erick, las lagrimas no dejaban de fluir por mis mejillas, mi abuelo me amenazó con mandarme a un convento si no me casaba, me dijo que si no lo obedecía, se aseguraría de que nunca saliera de ahí, ni volvería a ver a mi madre, no entendía como mi vida pudo cambiar tanto con la muerte de mi padre, por un momento lo odie por morir, por no luchar más, todo era más fácil cuando él estaba presente. Antes de que pudiera llegar a su dormitorio, lo vi, parecía que iba de salida, pero cuando me vio bañada en lágrimas, se detuvo ― ¿Roberta? ― ¡Erick! ―grité y corrí a sus brazos ― ¿Qué te pasa hermosa? ¿Qué tienes? ―dijo acariciando mi cabello ―necesitaba verte ―exclamé aferrándome mas fuerte a él, solo quería quedarme así, no quería que los minutos ni las horas pasaran, por que cada que lo hacían algo peor me esperaba ―se que algo te pasa hermosa, pero no te presionaré, llora, llora todo lo que puedas y saca todo lo que tengas, llorar libera el alma ―permaneció abrazándome hasta que pude controlar mi llanto y fuimos a su habitación ―lo siento creo que interrumpí algo importante ―le dije señalando su ropa ―nada es mas importante que tú ―me dijo sonriendo, mientras acomodaba mi cabello ―todo… todo fue culpa de tu abuelo ¿verdad? ―si… ―entonces casémonos pronto, adelantemos todo, por favor Roberta, así te librarás de él para siempre. ―quería decirle la verdad, quería decirle que me veía obligada a casarme con un completo desconocido en una semana, pero fui cobarde y no pude… tuve miedo, miedo de que me dejara, que me odiara y ya no me quisiera en su vida, no podría soportarlo, no ahora que mi vida se había tornado en un caos ―está bien, hagámoslo ―dame una semana, en una semana tendré todo listo ―dijo el muy emocionado y yo sentía mi corazón partirse luego de decirle que si, ¿por que lo hice? ¿por que no simplemente le dije la verdad?, lo cierto era, que ni yo misma lo sabía. …. ― ¡Roberta! ¡Roberta! ―me levanté de un brinco ante los gritos de mi madre ―levántate hija, es hora de ir a ver el vestido ―ya te dije que lo elijas tú, yo no quiero tener nada que ver con eso ― ¿por qué no permites que yo te lo diseñe mi amor? ―por que no quiero que sea nada especial mamá, no me estoy casando por amor, como podría si ni siquiera lo conozco ―expresé y enterré mi cara de nuevo en las almohadas ―te entiendo, pero aun así tienes que venir conmigo, tienen que tomar tus medidas y tu futura suegra me está presionando ―no quiero mamá ―ándale, no seas flojita y desobediente ―no, no quiero ―dije pataleando en la cama como niña pequeña ―oh mi pequeña esta asiendo una rabieta, y ¿sabe cómo se castiga eso? ―no… no ―oh si, con guerra de cosquillas ―mi madre comenzó hacerme cosquillas, hasta que no soporté y tuve que pararme para ir al baño, esa era la manera en que me castigaba cuando yo era pequeña. Obligada por ella me arreglé y fuimos a la tienda de vestidos de novia, era una hermosa tienda de grandes cristales con un gran e impresionante letrero que decía “lujo, glamur y moda”, cuando entramos había una recepcionista, le dimos nuestro nombre y nos guio hasta el último piso, ahí había unos elegantes muebles, un mayordomo sirvió unas copas de vino blanco, la tomé y la bebi toda de un solo sorbo ―señorita, podría pasar por acá por favor ―yo seguí a la elegante mujer, mientras mi madre se sentó en uno de los sofás rojos que ahí se encontraban ―estos son los vestidos que su madre eligió ―dijo señalando como unos diez vestidos de diferentes diseños ― ¿Cuál le gustaría probarse primero? ―no me interesa, solo me pondré uno, así que usted elija ―bueno si es así, puedo recomendarle usar este ―dijo mostrándome un vestido corte princesa, amplio, con hermosos bordados y una gran cola, estaba lleno de clase e inocencia, y de pronto lo recordé… recordé un vestido cuando entré y con una sonrisa le dije a la mujer ― quiero el vestido que estaba en el escaparate de enfrente ― ¿está segura señorita? Creo… creo que usted es muy joven para ese estilo ―estoy segura así que tráigalo ―ella, llamó a unas de las trabajadoras y mandó por el vestido ― ¿Qué sucede? ―preguntó mi madre, al ver que tardaba en salir ―nada… solo elijo el mejor vestido para la ocasión ―no permitan que mi madre lo vea, hasta que yo se lo muestre ―le dije a la mujer ―si señorita ―pronto lo trajeron, era un vestido corte sirena, sin mangas y la blusa era de puro encaje transparente y solo tenia tela doble en el busto, la falda era ceñida hasta la mitad de los muslos y de ahí se ampliaba, el escote de la espalda rosaba los glúteos, nunca en mi vida había usado algo tan provocativo, tampoco me sentía cómoda usándolo, pero sabía que eso haría enfurecer a mi madre y mas que nada a mi abuelo, que me había vendido… si vendido, por que así era como yo me sentía, y lo había hecho, afirmando que yo era una chica, dulce e inocente, llevar ese vestido definitivamente lo haría enfurecer demasiado, sonreí ante la sola idea ―señorita, sabe que, será una sorpresa, envuélvalo este es el que quiero ― ¿está segura? ¿No quiere mostrárselo a su madre? ―no, yo soy la novia y yo elijo ―esta bien, solo tomaremos sus medidas y en dos días podrá pasar por él ―gracias, por ahora me mediré uno de estos para satisfacer a mi madre ―dije y tomando uno de los vestidos que ella había elegido me lo puse ―señorita disculpe me entrometa, pero este vestido va mas con usted, es recatado y elegante, parece una dulce princesa ―si, es lo que siempre soñé usar, cuando me casara por amor ―entonces, ¿quiere cambiar su pedido? ―No, no quiero ―dije y saliendo le mostré el vestido a mi madre ―Roberta, mi amor, te vez hermosa ―dijo mi madre limpiando unas lágrimas de sus ojos ―bueno ya cumplí con lo que querías, ¿podemos irnos? ― ¿no te probarás los demás? ―no, no lo haré, recuerda por favor madre, que no estoy aquí por gusto. …… (A los dos días) ―Roberta, hablaron de la tienda que tu vestido esta listo, iré a recogerlo por ti ― ¡No! ―grité bajando las escaleras ―iré yo madre, yo pasaré por el ― ¿estas segura? Creí que no querías involucrarte en nada que tuviera que ver con la boda ―lo sé, pero saldré a ver a Lessa y de regreso puedo pasar por el ― ¿Lessa?, ¿ya la invitaste? ―no madre y ni se te ocurra hacerlo, no quiero a ninguno de mis amigos ni compañeros ahí ―pero es tu boda ―no es algo que yo haya elegido ―dije y tomando las llaves de mi coche, me fui directo a la tienda ― ¡buenos días! Vine por un vestido de novia ―claro que sí, su nombre por favor ―Roberta Rose Bill ―señorita Roberta, aquí tiene ―dijo entregándome una elegante caja con un lazo encima ―puede revisarlo si quiere, aun puede agregar o quitar cosas si así gusta ―lo abrí y pude ver el provocativo vestido ya hecho a mi medida ―lo siento señorita, creo que nos equivocamos, dígame quien la atendió, para llamarla ―dijo la encargada abriendo grandes ojos ―no, no se equivocaron… es exactamente lo que pedí ―dije con una sonrisa, que pronto se borraría ― ¿Roberta? ¿te casarás?...
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