—¡El jefe los quiere ver!—les dice.
—Deje que nos tomemos el café… ¿más bien no tiene por ahí un pancito para acompañarlo?—dice “papá pitufo”.
—Ustedes verán…me dijo que los quiere ya, en la terraza—y se retira el hombre.
—¡Ni desayunar lo dejan a uno! —agrega “papá pitufo”.
—A mí se han quitado las ganas—dice “pato”.
—Yo me voy a llevar el mío. Si es el último, pienso tomármelo todo.
Y los dos salen de la casa de huéspedes para verse con su jefe. Él está sonriendo y sentado en una mecedora disfrutando de una taza de café. Tal parece que la noche anterior la pasó muy bien. Pero toda esa sonrisa iba a desaparecer de su rostros, al entrevistar a sus dos trabajadores. Casualmente ellos llegan ante él. “Papá pitufo” va soplando el café.
—¡Pero a quién tenemos aquí…los dos héroe que acabaron con el “malo”!—es como los recibe su jefe. Y el “tuto” bebe un sorbo de café.
Los dos sonríen tímidamente. Se paran frente al “tuto” sin decir una palabra.
—Hablen pues, a ¿cuántos mataron?—les vuelve a preguntar “tuto” sin dejarse de mecer y de degustar la taza de café.
El sol empezaba a calentar un poco la hermosa mañana de Antioquia. Los pájaros cantaban felices sobre los ciprés. Los colibrís desayunaban en las coloridas y perfumadas flores.
—Bueno , jefe…matar, matar. No fue la masacre del siglo. Pero sí logramos acabar con uno…
—¡Por favor!, ¿díganme que fue a Ernesto a quien mataron?—es como interrumpe el “tuto” a “papá pitufo”.
⸺La verdad que no fue a él. Pero sí le dimos piso a uno muy importante
⸺Dígame… ¿qué si quiera acabaron con el hijo del “malo”?⸺vuelve a interrumpir el “tuto” a “papá pitufo”.
⸺¡No, jefe! Matamos a Antonio, “el mexicano”.
⸺¡¡¡Qué!!!⸺pega el grito en el cielo alias el “tuto”. Algunas aves salen volando despavoridas. Se levanta muy enfadado de su mecedora y arroja la taza de café al suelo. Mientras el tinto liquido tiñe el mosaico del suelo, una ligera cortina de humo se levanta para luego ser devorada por la brisa tempranera de aquella mañana.
⸺Que acabamos con Antonio, “el mexicano”⸺vuelve a decir “papá pitufo”.
⸺Ya le escuché idiota. ¡Yo a ustedes los mato!—repite enfadado el “tuto”, y se les echa encima a los dos— ¡Tráiganme la motosierra, que a estos dos, yo mismo los hago pedacitos! ⸺el “tuto” está que se lo llevan los demonios.
Y uno de los cinco hombres que se encuentran custodiando al “tuto”, sale en busca del aparato eléctrico, y en menos de diez minutos, aparece con la herramienta requerida. “Papá pitufo” y “pato” están muy confundidos y temerosos. No saben porque su jefe se ha enfado tanto con la muerte de Antonio.
⸺Pero jefe, ¿qué hemos hecho mal?⸺se atreve a preguntar muy aterrado el “papá pitufo”.
⸺¡Todo, todo lo hicieron mal, par de idiotas! ¡Son unos buenos para nada, unos burros, unos ineptos! ¡Pero les juro que yo mismo los voy a matar con mis propias manos!
“Pato” y “papá pitufo” siguen sin entender nada. Ellos que pensaron que iban a recibir un premio por haberle echado a perder la fiesta a Ernesto Malo, y por haber matado al jefe del cartel de Sinaloa. Quien era el principal socio de Ernesto Malo, pero no, están a punto de ser cortados a pedazo.
—¿Usted entiende algo parcero? —le pregunta “papá pitufo” a “pato”.
—¡Ni un bledo!—responde de inmediato “pato” y le mira la mano donde el pequeño tiene la taza de café—. Deje esa taza en la mesa, que parece que se está tomando el café de nuestro funeral, por adelantado.
El pequeño hombrecito como puede, llega hasta una mesa y deja la taza ahí.
—¿Quién te ha dicho que te muevas de tu lugar?—le reprocha el jefe de seguridad del “tuto” a “papá pitufo”.
El “tuto” parece que se ha tranquilizado solo un poco. Aprovecha y le aclara las cosas a sus dos trabajadores.
⸺ ¡A ver par de idiotas!—y mira a ambos—. Antonio también era mi socio…mejor dicho, mi principal socio. Él era uno de los que más me compraba coca. Al matarlo a él, yo dejo de recibir millones de dólares.
⸺Jefe, nosotros no sabíamos eso. ¡Lo sentimos!⸺dice “papá pitufo”.
⸺ ¡No vuelvas a interrumpirme, pedazo de enano!⸺y le da un cascudo al pequeño en la cabeza⸺.Todo se los expliqué muy bien. A lo único que no le iban a echar veneno era a los tacos. Antonio sabía que no debía comer otra cosa, más que tacos.
⸺¿O sea jefe que Antonio iba a traicionar al “malo”?⸺interviene “pato”.
⸺¡Exacto! Pero ustedes par de buenos para nada, lo echaron todo a perder. Pero ni piensen que esto va a quedar así.
⸺Pero jefe ya le explicamos que votaron la comida envenenada, y yo tuve que volver a salir para colocar más veneno, pero solo vi fue esa comida mexicana. Se lo juro por chuchito… jefe—y “papá pitufo” besa una cruz que hace con sus dedos.
⸺ Vamos hacer una cosa… si ustedes par de inútiles—y mira a los dos—, me consiguen un cliente con el potencial de Antonio, yo les perdono la vida.
⸺¿De verdad jefe?⸺pregunta “papá pitufo” sonriendo.
⸺¡Se los juro por chuchito lindo!⸺y el “tuto” se hace la señal de la cruz y sonriendo.
⸺ ¡Usted sí que es bueno jefe!⸺dice “papá pitufo” sin dejar de sonreír.
⸺¡Usted sí que no está en nada enano! El jefe está siendo sarcástico. ¿Dónde cree usted que conseguiremos un cliente como “el mexicano”?
⸺ ¡Exacto mi querido “patito”, me gusta hablar con personas inteligentes! ¡Muchachos traigan a esos inútiles para el patio, no quiero manchar la cerámica fina con la sangre de estos buenos para nada!
—¿Un momento jefe?—los detiene “pato”—. Hay algo que no me cuadra en todo esto…—el “tuto” frunce el ceño—…Antonio sabía cómo librarse del veneno. Pero, ¿cómo iba hacer para librarse de la bomba?
El segundo narco más importante de Medellín y de Colombia soríe— ¿A qué horas les dije que hicieran estallar la bomba?—pregunta el “tuto” y mira a ambos.
—¡A las doce de la noche, jefe!—responde de inmediato “papá pitufo”.
—A esa hora, Antonio tenía que entrar en una de las cajas fuerte que Ernesto tiene en cada habitación, que les ofrece a sus invitados.
Aclarado todo, a los dos condenados los vuelven a conducir hasta donde dijo el “tuto”. “papá pitufo” al ver la motosierra, empieza a implorar clemencia como un niño chico. —¡Enciende esa vaina!—le ordena el “tuto” al que porta el aparato.
El pequeño hombre sigue implorando perdón, en cambio “pato” opta por no decir una palabra. El verdugo enciende la moto sierra y se alista para hacer añicos a aquellos dos, cuando su jefe lo ordene.
Por otro lado, se encontraba también reunido Ernesto Malo, quien platicaba con su hija.
Ella seguía enfadada y sin quererle hablar a su padre.
⸺¡Hija, cuando vas a entender que yo solo quiero el bien para ti! ¡No quiero que nadie te use, ni te haga daño! Los hombres muchas veces solo queremos una cosa, y una vez que lo conseguimos, nos marchamos.
Yeris decide romper su silencio.
⸺¡Ya yo no soy una niña papá! Tengo que empezar a vivir mi vida. Tengo derecho a equivocarme, a caerme y levantarme yo sola. De los errores es que uno aprende. Ten en cuenta que tú no eres eterno, no siempre estarás para protegerme. Sé que hay muchos hombres que son cómo tú dices, pero no pienses que yo soy como las “fufurufas” que tú—y lo mira directo a los ojos—, estás acostumbrado a tratar. Yo me sé cuidar sola⸺y seguía mirando a su padre a los ojos⸺.Quiero que confíes en mí, que respetes mi espacio, mis decisiones.
Alias “malo” también mira a su niña directo a los ojos en señal de que, en lo más profundo de su alma, comprende lo que ella le dice, pero no lo comparte. Porque sobre todas las cosas, él la iba proteger siempre.
⸺¿Sabes una cosa papá?—Ernesto Malo vuelve a mirar a su hija a los ojos—. Envidio a mi prima Tanya. No ha tenido a sus padres a su lado y ha sabido salir adelante. Pero por lo mismo, porque le ha tocado duro, y ha aprendido de la calle. Mi prima no tiene nada y es muy feliz. Yo tengo riquezas, pero soy feliz a medias.
Ernesto Malo está muy dolido por esta confesión. Porque uno de sus propósitos en la vida, es ver a sus hijos felices. Y pensaba que Yeris lo era, por tener las riquezas que él le da.
⸺No me voy a meter con tus amistades, a excepción del que trajiste a la fiesta. Me parece que es un sinvergüenza y mujeriego—y da unos pasos dándole la espalda a Yeris.
⸺A ti no te gusta ninguno para mí. Controlas hasta mis r************* . Tú tienes más seguidores que yo. ¿Y sabes por qué? —Ernesto Malo no responde nada—. Porque los hombres son los que siguen a las mujeres. Y yo no tengo ninguno…
—¿Y qué tengo que ver yo con eso?—la interrumpe su padre.
—¡No te hagas papá! Cada vez que algún hombre me manda una solicitud en f*******:, yo lo acepto, y al día siguiente ya me ha eliminado—Yeris busca la mirada de su padre—. Porque tú, papá…lo localizas y lo amenazas. Es lo que te dije antes, deja que yo decida con quien salgo.
El “malo” vuelve a ponerse de frente y le da un abrazo y un beso a su hija, y se retira a su habitación. Una vez que está ahí, solicita a uno de sus hombres, quien no tarda en acudir al llamado de su jefe.
⸺Quiero que averigües la vida de este hombre⸺y le muestra una foto del solicitado⸺, y luego me lo traes aquí.
⸺¡Hecho jefe!⸺y sale de la habitación de su jefe.
A los dos días de la orden del capo de capos, en la ciudad de Medellín, exactamente en la joyería “Imagine” donde laboraba Sneyder, está el mismo atendiendo a unos muy buenos clientes. Es una pareja de esposos, de unos cuarenta años de edad; para ambos.
—¿Y cuándo es que te vas a casar?—pregunta la señora a Sneyder un tanto sonriente, mientras observaba un hermoso reloj.
—De momento no he conseguido la adecuada, señora Carla…además, aún estoy muy joven.
—¡Bien dicho mijo! No se joda la vida tan temprano—interviene el marido de la señora.
—¿Cómo tú?, ¿no?—lo interrumpe su mujer. Ella pone una cara no muy amigable.
—¡Ya vas a empezar mujer!
—Creo que la cagó señor Marlon…
—Tú no lo vayas a defender Sneyder…déjalo que responda él.
Por un momento la pareja cruza un par de palabras más, y luego pueden hacer la compra en sana paz de Dios.
En el momento que la pareja va a efectuar el pago de la compra, llegan a la tienda tres hombres. Sneyder al verlos, les envía una de sus empleadas para que atienda a estos. Pero una vez que la chica pregunta que desean, ellos le responden que en realidad quieren era hablar con Sneyder. La empleada de la tienda se lo comunica a su jefe. Sneyder muy extrañado se hace un par de preguntas, está muy extrañado, pues nunca ha visto a aquellas personas. Pero aun así, se les acerca para ver qué es lo que quieren.
—¡El patrón lo quiere ver!—le comunica uno de los hombres.
—¿A mí?—responde Sneyder más confuso de lo que estaba—. Mejor dicho, ¿quién carajos es su patrón?