capitulo 2

3769 Palabras
Creo que ya sé lo que voy a comprar—toma a Sneyder de la mano y lleva hasta otra vitrina—. Muéstrame esa pulsera— y le señala la prenda elegida. Sneyder logra soltársele de la mano y se va hasta el otro lado de la vitrina exhibidora. Saca la llave, y abre. Mete su mano y agarra la prenda. Es una pulsera de oro puro, que viene con unas esmeraldas incrustadas. Mirando a Yeris a los ojos, le muestra la joya. —¡Buena elección!—dice él y ella le sonríe. —¿Me ayudas?—le pide ella sin dejar de mirarlo a los ojos y extendiendo la mano que sostiene la alhaja. Sneyder agarra la pulsera y se la coloca en la mano derecha. Ella disfruta del roce de la mano del hombre, en su piel. ―¿Qué tal me queda?―y extiende su mano y modela la joya. ―¡Hermosa!—Sneyder mira la mano, y después clava su mirada en sus ojos—. ¡Aunque la mano que la porta… lo es más!⸺ahora es él quien coquetea. Su compañero Alfredo, lo mira sonriente— ¡Es mi héroe!—dice en voz baja. ― ¡Qué lástima que no sea lencería femenina lo que vendes!―le dice Yeris a Sneyder casi al oído y sonríe picarona. El hombre se incomoda un poco y suelta una tímida sonrisa. Mira a sus colaboradores y a los guarda espaldas. Precisamente “gato” no aguanta más y sale de la joyería. En cambio el otro guarda espalda no deja de observar el reloj. ― ¿Si a ti te gusta me la quedo? ¡Pero con la condición de que si me la pongo, es para lucírtela a ti! ―¡Hecho!―responde sin vacilar Sneyder y sin dejar de sostener la femenina mirada. Sneyder está feliz de aquella venta, y no por los galanteos de la joven, sino por las comisiones que le representa esa venta. ―Luego te dejo mi número de celular. ¡Pero te lo doy para que me llames! ― ¡Espero que cuando te llame, no me conteste tu novio!⸺y Sneyder deja escapar una sonrisa. ― ¡No te preocupes, soy soltera y a la orden!―y casi que lo besa. Él también sonríe y agrega:― ¡No creo que una chica bien linda no tenga novio! ―¡Créetelo!─y le vuelve hacer un guiño de ojo. —Voy a dejarlo en la caja… —¿Me estás echando?—lo interrumpe ella. Pero antes de que Sneyder vuelva a decir algo, “gato” casi que lo tropieza. Se le acerca a su jefa y casi al oído le dice:― ¡Señorita, he visto dos hombres del “tuto”! ¡Es mejor que nos vayamos! ―¡Nojodas!―responde la chica y mira a su guarda espalda, y luego para el exterior. Sneyder está un poco extrañado, pero siendo un poco cauto, se va hasta la cajera y le pasa la prenda. ―¡Sí! ¡Será mejor que nos vayamos de aquí!―responde “gato” y también mira para afuera de la tienda. “Machete” también se encuentra nervioso en la entrada de Imagination. ―¡Pilas! Denme un par de minutos y nos vamos─y se va hasta la caja y saca la tarjeta de credito. Mira a Sneyder le sonríe. Una vez que le cobran, sin perder un instante se va junto a Sneyder. Le da su número de celular y él le da el suyo. Sneyder la acompaña hasta la salida de la joyería, pero cuando se van a despedir, nuevamente se echa encima y le da otro beso en la mejilla. Y llaga hasta sus dos guarda espaldas y junto a ellos camina buscando la salida del centro comercial; sin dejar de mirar para donde Sneyder, cosa que pone más molesto a “gato”. Sneyder se da la vuelta y regresa al interior de la joyería. Los compañeros lo molestan un poco, por el comportamiento de la chica hacía él. —¿Qué culpa tengo yo, de que mi madre me haya parido tan bello?— bromea Sneyder y ríe junto a sus compañeros. Yeris va camino a su casa en su lujosa camioneta, y mira su celular, pero es el número de Sneyeder el que tiene en pantalla. Suspira nada más pensar en él. Por un momento deja de ver el aparato telefónico y se dispone a hacer una pregunta a sus guardas espalda, respecto a los hombres del “tuto” que estuvieron merodeando por el centro comercial. Pero se da cuenta de que “gato” lleva un semblante de pocos amigos, capaz de verlo hasta un ciego. ―¿No me digan que mi padre no les ha vuelto a pagar?―pregunta Yeri y mira a ambos hombres, luego hacía la carretera. ―¿Por qué lo dice señorita?―responde con otra pregunta y extrañado alias “machete”, y mira a su jefa por el espejo retro visor de adentro. ―Es que “el gato” lleva una cara de perro con mal de rabia―y Yeris no deja de observar su celular. ⸺¡Piedras!―responde de inmediato “machete” y vuelve a mirar por el retrovisor. ―¿Qué?...―reacciona extrañada la chica y mira a su conductor. ―Que ese man lleva esa cara porque tiene cálculos en los riñones, y el dolor no lo deja en paz― “machete” deja de mirar la carretera y ve a su compañero. ―¡Agua de coco!...― agrega Yeris. ―¿Qué?―por fin reacciona “gato y mira a su jefa. Ella no dejaba de mirar el celular, pero aun así responde. ―Que estoy leyendo aquí en internet, que para expulsar los cálculos es bueno tomar mucha agua de coco. ― ¡Lo mío no son cálculos, si no mal de amor!― “gato” vuelve a mirar a su jefa, pero esta sigue mirando su celular. ― ¡Eso sí que está jodido! Cuando es el tema del corazón, es muy doloroso. ¡Pero eso pasa cuando te juntas con fufurufas! —y ríe mientras mira a su guarda espalda—. ¡En cambio, parece que yo encontré a mi media naranja!⸺y la chica suspira de pura ilusión. Esto último lastima más al “gato”, quien se acomoda la pistola que llevaba en la pretina del pantalón y armado de coraje, decide de que una vez por todas, la chica sepa la verdad. Baja el cristal y lanza un escupitajo hacía afuera, que el viento arrastra velozmente. ― ¡Mire señorita, la mujer que me tiene así, no es ninguna bandida! ¡De hecho, esa mujer es…! ―¡Los hombres del “Tuto”! ¡Agárrense!―interrumpe alias “machete” y de una acelera el vehículo. ―¡Voy a llamar a mi padre!―dice Yeris muy serena y marca el número de su progenitor. Quien sí está muy nervioso es el “gato”, que de inmediato saca su arma, y sin dejar de mirar el auto que los sigue, le pide al conductor que acelere― ¡No dejes de acelerar viejo, que esos manes nos están alcanzando! ¡Dele, dele! Un proyectil impacta en el vidrio trasero del vehículo. ―¡Hijueputas nos están disparando!―dice el “gato” muy nervioso, sin dejar de mirar al carro que les está disparando y a su compañero. ―¡Dispare gato! ¿Qué espera?―le ordena Yeris, una vez que ha hablado con su padre―.Tranquilos que mi papá habló con unos policías, y ellos están más adelante. Este carro tiene hasta las ruedas blindadas—mira nuevamente a alias “gato”—. ¡Mejor porque no nos cuenta de la chica que le tiene roto el corazón “gatito”! ― ¡¿Qué?! ―exclama los guarda espalda a unísono. Alias “gato” deja de disparar, gira su cabeza y mira a su jefa―. ¡No creo que sea el momento señorita!—y sigue mirando a su jefa bastante sorprendido. Se hace un silencio dentro del vehículo, apenas interrumpido por el impacto de las balas que chocan contra el vehículo, y el ruido del motor del mismo. Los guardas espaldas siguen sin salir de su asombro, por la imperturbabilidad de Yeris, en una situación tan peligrosa como la que están viviendo. “Gato” baja nuevamente el cristal y empieza a disparar, para mantener a raya a sus perseguidores. Un kilómetro más adelante, se encuentran con un retén policial. ―¡Bingo, los refuerzos! ¡Ja, ja, ja, te adoro papi!―dice emocionada Yeris y besa su celular. Los hombres del peor enemigo de Ernesto Malo también ven el retén de la policía, pero hacen todo lo contrario, de lo que hicieron sus enemigos. Detienen el carro bruscamente, tanto, que casi el vehículo que venía detrás, se estampa contra ellos. Como pueden dan media vuelta, y regresan por donde vinieron. De inmediato dos policías les hacen seña para que detengan el vehículo a un costado de la carretera. Alias “machete” detiene su vehículo a escasos veinte metros del retén, muy pegado a la orilla de la carretera. Yeris baja del vehículo junto a ellos. La mujer llega hasta los servidores públicos, mientras que sus guarda espaldas se quedan junto al carro. ―¿Si vio por qué me gusta esa mujer “machetico”? ¡No le teme a nada ni a nadie!—dice “gato” sin dejar de mirar para donde su jefa. Se agacha y arranca una espiga de monte y la empieza a morder. ―¡Yo creo que esa mujer está igual de loca que su padre!⸺responde “machete” sin apartar la mirada de la ley⸺. ¡Qué irónico, los mismos que debieran detenernos por bandidos, son los que nos salvan el pellejo! ― ¡Respete a la futura madre de mis hijos, no la llame loca!⸺muestra un rostro de enfado y luego ríe alias “gato”⸺. ¡Eso es para que vea usted que el que manda es el billete! Los dos ríen y nuevamente dirigen sus miradas para donde su a su jefa, quien precisamente se va acercando a ellos. —¡Pilas…que viene la loca!—dice “machete” en voz baja. —¡Ya, verá cómo se lo digo!—responde gato y también ríe, pero sin perderse un solo contoneo del exuberante cuerpo de su jefa. Esto le hace hervir la sangre.  ―¡Vámonos!―ordena la mujer, mientras un fuerte viento le mece el cabello. “Gato” se atreve a seguir contemplándola, aunque ella está cerca.  A muchos metros de ahí se encuentra otra hermosa mujer, en la cárcel de máxima seguridad de la ciudad de Medellín, ella es prima de Yeris. Su nombre es Tanya del Rosario. El motivo de su presencia en ese correccional para hombres, es porque se encuentra visitando a su hermano, quien purga una pena de 20 años de cárcel, por traficar de cocaína. ―Luis, te repito que estoy haciendo todo lo posible por sacarte de este lugar. Tienes que tener paciencia—le dice Tanya a su hermano. ― ¿Crees que en este lugar se puede ser paciente?―responde el hombre frunciendo el entre cejo y mirando a su hermana directamente a los ojos. ―Es una manera de hablar. Tengo un acuerdo con una persona muy importante. Creo que es la única manera de sacarte de este hueco. ―Perdóname por presionarte de esa manera. Lo único que quiero es que no arriesgues tu vida por mí. ¿Y qué te dice mi tío? ―Ese es una lacra. Dice que tú sabías lo que hacías, que eso no es problema de él. Que no puede hacer nada, porque la policía está detrás de sus pasos… ― ¡Tiene razón!―interrumpe Luis a su hermana. ―¿¡Qué!?―. reacciona extrañada Tanya frunciendo el entrecejo. después mira los alrededores. ―Que mi tío tiene razón…yo sabía lo que hacía, y en qué me metía. ―A ti quien te empujó a cometer ese gravísimo error fue la situación en la que estábamos. Además, mi mami estaba muy enferma. Mi tío tenía para prestarnos esa plata y no lo hizo―Brihanna hace una pausa y mira a los demás reos―. ¡Ese hombre tiene que pagar por sus pecados! Por un momento los hermanos callan. Mutismo que rompe la fémina pidiéndole que se cuide mucho. Que tenga paciencia y calma. Que ella va a conseguir sacarlo de la cárcel. ―¡Cuídate mucho hermanita!―y la abraza fuertemente y la da un besó en la frente. Tanya lo toma de los carrillos y lo mira fijamente a los ojos y le vuelve a repetir ―¡Tú también cuídate mucho hermanito! ¡Te quiero mucho!―y se marcha. Una vez que está en la calle, Tanya toma un auto bus y se va directo a un barrio donde ha quedado con un hombre. No pasan ni diez minutos y pide la parada. Se baja del vehículo de servicio público y camina hasta un parque infantil. Un hombre que se encuentra haciendo deporte en el lugar, la piropea. Ella no presta atención, sigue y se sienta en una de las tantas banas del parque, junto a un ciprés florecido. Un hombre que supuestamente estaba leyendo un diario de la ciudad, en una de las bancas de la entrada del parque, y que la vio cuando ella entró, se le sienta al lado. Vuelve a abrir el periódico y se pone a leer nuevamente, o por lo menos esa es la impresión que quiere dar. Un par de colibríes hacen su parición y se ponen a recorrer algunas de las flores del ciprés. Tanya los observa por un momento. —¡Pensé que se había arrepentido, y ya no venía!—le dice el hombre quien no de disimular que está leyendo. En verdad aquel hombre es un agente secreto de la INTERPOL. La mujer tiene un trato con esta persona. Ella lo ayuda a capturar a su tío, el jefe del cartel de Medellín, y a cambio ella conseguirá para su hermano, una amnistía. Ella sabe que ese trato, aparte de ser una locura, es un s******o. Sabe que, si su tío la descubre, no bastará la línea de sangre que los une, para salvarla de la muerte. Pero ella está dispuesta a todo por ver a su único hermano, fuera de prisión. Precisamente a algunos kilómetros de ahí, se encuentra Ernesto Malo en su guarida, hablando con su hija. Los dos están en la oficina de Ernesto Malo. —Me da risa todo esos libros… —¿Por qué?—la interrumpe Ernesto Malo y mira las estanterías con los más de doscientos libros. —¡Papá, nunca te he visto leyendo!—responde Yeris y ríe. —Lo que pasa es que le da un estilo más de ejecutivo a la oficina…—la hija se vuelve a reír—. El caso es que no te he traído a mi oficina a hablar de mis libros o de mi comportamiento con la lectura… Haré una gran fiesta en la finca hija, y quiero que vengas—y toma un buen sorbo de una taza de café que disfruta en ese momento. ― ¡Papá no voy a ir a ninguna de tus fiestecitas! ¡No voy a ir donde solo van traquetos y fufurufas!―y la mujer ríe mientras apoya el trasero en el escritorio. ― ¡Si vas a venir! Es una fiesta importante, vienen unos socios de México. Quiero que conozcan a mis hijos. Y sobre todo, quiero que conozcan al futuro jefe, Jairo Manuel. La hija lo interrumpe con una retraída sonrisa. ―¿De qué te ríes?―pregunta un tanto extrañado el “malo”. ―No veo a mi hermano de traqueto papá—agarra el café y también toma—. ¡Está bueno este café! ―Deja mi café quieto —y vuelve al tema de su hijo—. ¿Por qué lo dices?—y arquea las cejas. ―¡Porque mi hermano está en otra onda…! ―¿¡Qué onda!?⸺la interrumpe Ernesto Malo al tiempo que se levanta de la silla. La mujer calla por unos segundos, lo mira a los ojos y decide evadir la pregunta con estas palabras: ― ¡Hay estaré en tu fiestecita, y tal vez te dé una sorpresa!⸺se retira un poco del escritorio y saca su celular, mientras avanza hacía la salida de la oficina. Ernesto Malo muy intrigado la sigue y los dos se paran antes de llegar a la salida de la oficina. El capo, quien sigue muy sugestionado por las palabras de su hija, le dice: ― ¡Mientras no traigas a un hombre aquí, me puedes dar cualquier otra sorpresa! La mujer deja de ver su celular y vuelve a mirar a su padre, con una mirada socarrona. Avanza y alcanza la salida. Él llega nuevamente junto a ella y le dice. ―¡A no! Aquí no me vengas con ningún hombre, porque te juro… ―No digas nada de lo que luego te puedas arrepentir⸺lo interrumpe Yeris. Y le pone el dedo índice derecho en la boca. En ese momento Jairo Manuel llega junto a dos mujeres y los interrumpe. De inmediato el macho alfa se le hincha el pecho de orgullo, al ver a su hijo y sus acompañantes. Los recién llegados saludan, y Jairo Manuel conduce a sus acompañantes a su habitación, despertando más, el orgullo de su padre hacía él. Una vez que la puerta de la habitación de Jairo Manuel se cierra, su padre con esa amplia sonrisa se le acerca a su hija y le dice:― ¡De tal palo tal astilla! ¡Y con dos!―dice casi eufórico alias “malo” a la vez que muestra dos dedos su mano, y sonríe. Yeris también sonríe. En ese mismo instante entra Ana María, la mujer del capo de capos. ―Me voy, el ambiente ya se recargó―dice Yeri refiriéndose a su madrasta, a quien no soporta. Da media vuelta y se marcha hacía su habitación, pero antes escucha decir a su madrasta― ¡Yo también te amo!―y Ana María le da un beso a su marido. ―¿Y esa bulla?―pregunta Ana María y mira hacía la dirección de donde precisamente provenía el bullicio. ―¡Es Jairo! ¡Y está con dos viejas en su cuarto! ¿Qué te parece? Ana María mira a su marido y ríe, mira para la habitación de su hijastro y pregunta: ―¿Jairo con dos viejas? ¿Y qué, están jugando a las muñecas?―y vuelve a reír a carcajadas. ―¡Un poco de respeto!―le recrimina su marido y la mira muy enfadado. ― ¡Me voy, veo que estás de muy mal humor!⸺la mujer frunce el ceño. Ana María sigue a su habitación con un poco de prisa, mientras su marido mira nuevamente hacía la habitación de su hijo, y pensando en voz alta y sonriendo dice:―¡Ese es mijo!―y sale de la mansión. Al bajar del porche de la casa, Ernesto Malo mete su pie en una caca de pavo real. Se asquea mientras intenta limpiarse el pie en el pasto. Dos de sus empleados se atreven a reírse de él. —¿A qué les hago que me limpien el zapato con la lengua?—los dos hombres clavan sus miradas hacía el suelo, mientras su jefe sigue rastrillando el pies en el pasto. Volviendo nuevamente a los interiores de la gran mansión, se encuentra Jairo Manuel en su habitación. Tiene la música bien alta, y efecto, se está divirtiendo junto a sus amigas. Pero no cómo su padre se lo imagina. Los tres están haciendo aeróbicos, y es Jairo Manuel quien dirige los ejercicios. Tiene puesto unas mallas. A unos cuantos kilómetros de ahí, en otra parte del departamento de Antioquía, en otra hermosa y lujosa finca, se encuentra otro mafioso hablando precisamente de Ernesto Malo y su fiesta. Es el “tuto”, que planea acabar de una vez con la organización enemiga. ―He escuchado que el “malo” va a tener visita de México. Y que dará una gran fiesta―de repente calla y dirige su mirada a uno de sus hombre―.¿Tú no estás muy pequeño para estar fumando? ¡Apaga eso! Es un hombrecito que apenas llega al metro diez de estatura, y que trabaja para él. Los demás hombres ríen, mientras el hombrecito arroja el tabaco al suelo y lo estruja con su pie. El mafioso sigue contándole sus malévolos planes a sus secuaces. ―Pero nosotros vamos a dañarle su fiestecita. “papá pitufo”…―el mencionado se sorprende y arquea el entre cejo―…se camuflará entre los meseros y pondrá veneno en la comida. Lo he escogido a él por su estatura. Creo que nadie notará su presencia―nuevamente todos se ríen de él, incluido el capo. ―¿Jefe? ¡Eso es un s******o!―responde el pequeño hombre. Alias “el tuto” dirige su mirada hacía él. ―¡Lo sé! Por eso irán contigo tres hombres más—le quita la mirada al hombrecito, y mira a sus otros empleados—. Ya he hablado con el chef encargado de la comida, de la fiesta. Él los hará pasar sin levantar sospechas. “Papá pitufo” irá en uno de los carritos de esos para transportar la comida… —¿Jefe?—lo interrumpe “papá pitufo—. Esos aparatos van cerrados herméticamente, sin mencionar que adentro hace un frío endiablado. —No te preocupes, en el que vas a ir, va muy bien preparado. En la parte inferior, irán unos pequeños agujeros para que puedas respirar. Y para el frío, te vas a abrigar bien, y te tomas un guaro. —Si es así, bien…  
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