Mientras piensa, un montón de gente se mueve a su alrededor, todos están ocupados en algo. Una suave brisa le acaricia el rostro.
—¿Y el jefe…señorita? —la interrumpe el jefe de seguridad de la finca, pero Tanya pareciera que no está en el planeta Tierra, por eso el hombre tiene que volverle a hablar—. ¿Señorita Tanya?—ella reacciona pero bastante aturdida—. ¿Sabe dónde está el jefe?
—Perdona…no te escuché. Lo que pasa es que esto es un caos—los dos sonríen—. Mi tío está recibiendo a los mexicanos.
—Okey, no la molesto más. Y no se vaya a estresar tanto—los dos vuelven a reír. El hombre se retira.
Tanya se arma de valor y decide hacer esas fotos, pues piensa, que serán unas pruebas muy valiosas en contra de su tío. Primero ingresa en la gran mansión, concretamente en su habitación. Dentro de la gran mansión algunos empleados la detienen para hacerle algunas preguntas, ya que Ernesto Malo ni su esposa, se encuentran cerca. Pero como tiene mucha prisa, los evade como puede. Entra en su cuarto y de su bolso, saca una mini cámara. Se la coloca en los senos, porque piensa que hay irá más segura, y sale de inmediato de la gran mansión. Se va por un camino tupido de mucha vegetación para no ser vista por nadie. Justo cuando llega a la pista de aterrizaje, se puede apreciar a lo lejos, la nave que se va acercando.
Sin salir de la finca, exactamente en los establos, siguen discutiendo Jairo Manuel y su madrasta.
―¡Ves y yo le digo que su gran varón es Simón!⸺frena la mujer en seco a su hijastro con estas palabras, mientras se vuelve a poner la blusa.
Jairo Manuel se gira― ¡¿Qué?!―el muchacho está confuso con las palabras de la infiel.
Ella sigue ajustándose la blusa⸺. ¡Sí, el de la canción de Rubén Blades!―y se pone a cantar―. ¡Simón, Simón el gran varón! ¡No te dejes confundir por la naturaleza, palo que nace doblaó, jamás su tronco endereza!
El caballo relincha y después resopla. La verdad es que los tres hombres están sorprendidos por el canto de la mujer. Pero después los tres entienden a lo que se refiere Ana María.
―¿¡Insinúas que soy gay!? ¡Estás loca!―responde un tanto agresivo Jairo Manuel y vuelve a querer marcharse.
―¿Si no eres mariquita por qué él está con los pantalones bajados?⸺y Ana María señala a Nani, pero se le queda viendo el pene. Peter lo nota y se pone un poco celoso.
Jairo Manuel se le acerca a su guarda espalda, quien precisamente se está levantando la prenda de vestir antes mencionada⸺. ¿Por qué no te levantaste el pantalón?⸺se gira y se dirige a su madrasta―. ¡Está bien zorra! Tenemos un trato… ustedes no cuentan lo de nosotros, y nosotros no contamos lo de ustedes.
―¡Hecho mariposón! ¡Digo! ¡Hijo!―y extiende su mano derecha.
Jairo le estrecha la mano bien fuerte y casi al oído le dice;―.¡No soy tu hijo! Y ni se atrevan a seguir haciendo sus porquerías aquí. ¡Vámonos “nani”!
―¡Vámonos “nani”!―se mofa Ana María de su hijastro, pero cuando éste se ha marchado―.¡Sigamos con lo nuestro papi!
―¡Tú de verdad estás loca! ¿Tú crees que este se va a levantar después de semejante susto?―y señala con su mano su m*****o viril, sin dejar de mirar a la mujer a la cara.
―¿Y si no quieres seguir por qué llevas todavía mi pájaro afuera?
El hombre de una se mira y se apresura a subirse el pantalón.
⸺Tengo tanto miedo que no sabía que llevaba el pantalón abajo. Por eso el mariposón de tu hijastro no dejaba de mirarme… Pobre del jefe cuando se entere que su gran heredero es mariquita…
⸺Ya yo lo sabía… pero esto me conviene… voy a manejar a ese pobre pelado a mi antojo.
⸺Tú no lo presiones tanto… no vaya ser que se decida salir del closet y cuente lo de nosotros… Larguémonos de aquí, antes de que alguien nos vea―y Peter recoge su arma.
—¡Los mexicanos!—dice Ana María un tanto alarmada. El caballo se espanta.
A Peter se le vuelven a levantar todos los pelos del cuerpo de puro terror, piensa que ellos están ahí— ¿¡Qué…dónde!?—y empieza a recorrer el lugar con la vista.
—No… ¿pensaste qué…?—Peter asiente con la cabeza. Ana María se ríe de él—. Eres bien cobarde. Lo que pasa es que yo soy la principal de la comitiva de recibimiento de esos mexicanos.
—¡Anda vete, ya deben haber aterrizado! Eso sí, sin estar coqueteándoles a esos manitos…
—¿Por quién me tomas? No soy ninguna fufurufa.
En ese instante el jefe del Cartel de Medellín se encuentra en su pista privada esperando el aterrizaje de la avioneta de su principal invitado. Tal como habían acordado los invitados llegaron puntual. La aeronave aterriza sin ningún problema y de su interior salen sus ocupantes. Primero lo hacen tres hombres de seguridad del narcotraficante mexicano. Después sale el jefe de seguridad junto a dos más, y por último lo hace el duro.
―¡Ernesto!―exclama a gritos el “mexicano” nada más ver a su socio colombiano.
―¡Antonio! ¡Es un placer tenerte en mi tierra, y atenderte en mi humilde hogar!⸺se dan un fuerte abrazo.
El fuerte sonido del motor de la aeronave hace un poco difícil el hablar. Entonces Antonio le pide al piloto que apague los motores. Recorre un poco el lugar con la vista, y se da cuenta de la belleza de los alrededores. También puede ver la cantidad de hombres armados. Una fuerte brisa antioqueña se pasea a sus anchas por el lugar, agitando los enormes nogales.
—¡Quiero que te sientas como en tu casa!―dice Ernesto Malo sosteniendo una amigable sonrisa.
―¡Tienes una bonita pista de aterrizaje!―dice Antonio―. Y por lo que veo, muy bien custodiada.
Empiezan a caminar hacía los carros que los trasportarán hasta la gran mansión.
—¡Deja que veas el resto de la finca…te va a encantar! ¡Y deja que veas los caballos! ¡Son los mejores de Colombia!
― ¿¡No!?—responde y mira a Ernesto Malo directo a los ojos—. Sabes que me enloquecen los caballos. Los míos son los mejores del mundo.
―Bueno, ¡eso hay que verlo!―y sonríe presumido Ernesto Malo⸺. ¡Pasemos a la casa!
Nada más llegar hasta los vehículos se suben en ellos. Los dos capos lo hacen en el mismo.
A unos metros de ellos, tras de unos árboles se encuentra Tanya, ha sacado algunas fotos. Con el mismo sigilo con que llegó, se va.
La primera que recibe a los mexicanos en la gran mansión es Ana María, quien tiene una enorme sonrisa dibujada en su rostro. Con la colaboración de unas hermosas modelos a cada uno de los invitados le va colocando un collar de flores, y le pasa un coctel. El recibimiento es amenizado por unos mariachis en consideración al invitado principal.
―Mira Antonio, esta es mi esposa⸺y presumiendo de mujer, mira a su invitado a los ojos.
―¿Una sola?―pregunta Antonio. Todos se sorprenden por estas palabras―. ¡Es una broma!―ríe Antonio y los mira a todos―. ¡Te felicito Ernesto!, tienes una hermosa mujer, hace honor a la belleza colombiana―toma la mano de la fémina y la besa y vuelve a sonreír.
―¡Gracias señor Antonio. Mi nombre es Ana María.
El celo que no sintió Ernesto Malo, lo siente Peter, quien se encuentra a unos tres metros de ella. Ana María lo mira disimuladamente e intenta parecer más sensual para darle más celos. Sonríe de puro placer al ver a su amante celoso.
El mexicano levanta su copa y propone un brindis. Después de unos largos minutos, se les indica a los invitados, cual van a ser sus habitaciones.
―¡Ponte cómodo y descansa, estás en tu casa, luego viene lo bueno!―dice el capo colombiano y sonríe.
Tanya se encuentra dándoles de comer a los pavos reales, cuando se le acerca su primo.
—¡Hola, prima! ¿Ya llegaron?
Tanya endereza su cuerpo, saluda a Jairo Manuel de besitos en la mejilla y le responde— Sí, hay dentro están—mira a “nani” y lo saluda.
—¿Y por qué tú estás acá fuera…también eres de la familia…
—No te preocupes. La verdad es que prefiero irme. Estoy muy cansada.
—¿No te quedas esta noche?
—Como te dije, estoy muy cansada. Y aquí no voy a poder descansar, mejor me voy a mi casa.
—¿Te llevo?
—No, tu padre te está esperando. No te preocupes, ya llamé un taxi.
Se despiden, y Jairo Manuel entra en la gran mansión y Tanya empieza a caminar hacía la salida de la propiedad.
Ernesto Malo se alegra de ver a su hijo, y afanadamente, detiene a Antonio para presentarlos.
⸺ ¿Antonio?―grita Ernesto Malo.
Antonio, quien ya había subido la mitad de la escalera para ir a su cuarto, se detiene. Se gira y mira a quien le ha hablado.
―Ven y te presento a mi orgullo. El que va a heredar todo esto—Ernesto Malo infla su pecho de puro orgullo y sonríe ampliamente, mientras abraza a su hijo—. ¡Mi hijo!
El hombre vuelve a bajar las escaleras y llega junto a Ernesto Malo y Jairo Manuel.
―¡Mucho gusto señor Antonio! ¡Bienvenido a su casa! ¡Mi nombre es Jairo Manuel!―y el joven estrecha la mano del “mejicano”.
―¡El gusto es mío joven! ¡Muchas gracias!⸺ Antonio hace lo propio, pero aprieta muy fuerte la mano de Jairo Manuel. El joven lo nota, pero guarda la compostura.
―¿Qué tal el viaje?― pregunta Jairo Manuel, quien discretamente intenta sacarse el dolor de su mano, pero eso sí, sin dejar de sonreír.
―¡Bien! Sabes que en una avioneta privada hay toda clase de comodidades.
― ¡Me alegro! No le quito más tiempo, descanse. ¡Nuevamente bienvenido a su casa!—y Jairo Manuel se retira junto a su guarda espalda.
Una vez que Antonio se encuentra en su habitación, se pone a conversar con su jefe de seguridad, mientras afuera del cuarto, el resto de sus hombres vigilan atentos.
―¿Te fijaste lo afeminado que es el hijo de Ernesto?⸺dice Antonio mientras se desabrochaba los primeros botones de su camisa.
―¡Sí que lo noté jefe!... para mí que es del otro equipo…
―¿Tú crees?―el guarda espalda asiente con la cabeza, mientras Antonio busca algo―.A ese no lo veo de traqueto, y menos aquí en Colombia. Tienes la mano tan suave como una seda―ríen los dos.
—¿Qué busca jefe?—y el hombre mira a su jefe.
Una caja fuerte—pero en ese preciso momento el capo de México la encuentra. Y por un momento la observa.
—¿Y para qué eso?—pregunta “guanche” y se le acerca a su jefe.