Eva Nos separaron. Yo seguía preguntando por él y ellos seguían diciendo que estaba con otros oficiales y que estaría libre pronto. Pero no lo está. Me acurruco en la silla. Me miran como si mereciera compasión. Como si fuera una especie de víctima. Supongo que en cierto modo lo soy. Trago saliva mirando hacia otro lado. Creo que voy a vomitar. Apenas puedo pronunciar las palabras y salgo corriendo hacia la puerta, pero no tengo adónde ir. Ni siquiera sé dónde están los lavabos y me agito en el pasillo, vomitando las tripas, mientras una de ellas se acerca por detrás diciendo algo que pretende reconfortarme. Y entonces me toca. Sé que pretende tranquilizarme, pero no lo consigue. Grito, me alejo bruscamente y casi caigo en mi propia enfermedad. —Ven y siéntate—. El otro dice. —Te

