Íbamos en el auto. El conducía, pero con su mano derecha tenía enlazada la mía, la acerca a su boca y deja un suave beso en esta. Me sonríe y yo le devuelvo la sonrisa. - ¿Vienen seguido? - pregunto. - No. - dice algo cortante. - ¿Por? - pregunto. - ¿Acaso tienes que preguntar todo? Creí que esa etapa de curiosear era característica de los niños. - Según tu soy un niño. - Solo lo digo para ver cómo te fastidias. - dice riendo. - No cambies el tema. - Kristine no sabe de la existencia de esta casa. - ¿¡Qué!? ¿¡Por qué!? Suspira. - De alguna forma, es como mi lugar. - Joder... ¿¡Lo usas de motel!? - ¡Claro que no! Eres la primera persona que llevo. - Más te vale, no soy la perrita de nadie. - Como si no lo supiera, niño. - Sigue conduciendo anciano,

