Se observó en el espejo minuciosamente. Su oscuro pelaje. Sus ojos rojos. Todo había cambiado. Sentía su cuerpo poseer más poder, más fuerza y como su lobo era temido por todos, pero algo más había cambiado, poseía su cuerpo joven y fértil. Su torso desnudo brillaba, su piel firme y tersa era tocada con suavidad por sus manos. Jacob gozaba de aquello. Esto es lo que siempre debí ser. Sus labios formaron una sonrisa ladina. —¿Se siente bien? —pregunto mentalmente su parte lobuna —De maravilla —susurró Jacob Unos pasos resonaron en la alcoba suavemente, Jacob sintió aquel dulce aroma colarse en sus fosas nasales. Su cuerpo se estremeció y la excitación prendió su cuerpo encendiendo su entrepierna. —Mi dulce y sexy sirvienta ¿alguna novedad de las prisioneras? —pregunto Jacob mientra

