Todo era nuevo, distinto. Todo el tiempo siendo llamada "Su majestad" y aunque Luciana no estaba acostumbrada aquello, ella solo quería pensar. Si tal vez debía tomar el trono Mítico o dejárselo al actual rey, Francesco. Veía día tras día como todos sonreían nuevamente a pesar del daño que ocasionó Manuel, pero todos querían olvidar y seguir adelante. Porque eso era lo único que quedaba. Seguir adelante. Yacía tres meses que llegó al reino Mítico y había conocido un poco más de su pasado. La bondad con la que recordaban a su padre y como ella poseía los ojos de su madre. Sentía tristeza, pero a la vez alegría de saber que sus padres la amaron. En su alcoba cada mañana podía ver la gran pintura de sus padres y sonreía dulcemente grabando en su mente el rostro de ambos. Para nunca olvidar

