Le encanta aprender y probar cosas nuevas. Ella no tiene miedo de nada y siempre está lista para cualquier cosa. Pero desde esa primera noche que me echaste de tu habitación, eso es todo lo que tengo. Su cuerpo. No es que quiera dormir de cuchara, pero extraño hablar con ella, sus sonrisas, su disposición a escucharme y hablar y, mágicamente, todo desapareció. Todo lo que necesitó fueron sus jodidas bragas, y ella comenzó a actuar como si todo lo que me importaba de ella fuera el sexo. Ella me usa y se deja usar, como si lo hubiera estado haciendo toda su vida, y me ha estado comiendo, pieza por pieza, desde entonces. Esa maldita noche, salí cabreado de su dormitorio. No quería irme, pero estaba irritado y me preocupaba que pudiera decir algo que no debía, así que decidí que hablaríamos m

