Y eso... eso es más peligroso que cualquier enemigo armado. —¿Vas a tirarte tú solo desde el parapeto para ir a por ella o prefieres que te demos un empujón? —bromea Kerran a mis espaldas, con ese tono ácido que no sabe callar. —Ya ni nos gruñe —añade Finn, haciéndose el ofendido—. Me pregunto si no estará… enamorado y no se ha dado cuenta. —No digas estupideces. Rolan no se enamora —gruñe Broen, concentrado en tallar un trozo de madera—. Está en celo. —¿Y qué diferencia hay? —insiste Finn—. Es lo mismo. —No. Quien ama se rinde… y él no sabe cómo se hace eso. No contesto. Porque no sé qué nombre darle a esta urgencia que me corroe. Ni me importa. Mis ojos siguen fijos en Amara, que se agacha para recoger algo del suelo y me enciende la carne con ese mínimo gesto. Y Sigo de pie, inmóv

