—Aquí también se necesitan manos. Se llevan a los niños mayores y dejan a las madres viudas sin ayuda, a los abuelos sin sostén y a los pequeños sin el derecho a ser niños. El murmullo del refugio se enrosca como humo. —¿Y qué futuro les espera aquí? —Su tono podría helar el lago—. Sin oficio ni beneficio. ¿La de robar? ¿La de acabar en alguna horca de Perth? —La Princesa les está enseñando a leer —salta Kerran, adelantándose un paso—, y a contar y a manejar la pluma mejor que la daga. Finn asiente con vehemencia. —Claro, capitán. Si sigue así, hasta Broen aprenderá a escribir su nombre sin ayuda —bromea. Broen le suelta un codazo que casi lo desarma, pero la carcajada general relaja la cuerda tensa del ambiente. Caelan no ríe. Sus ojos invernales se mueven de Kerran a mí, de mí a l

