Capítulo 3.

1426 Palabras

El tartán apenas oculta la firmeza de unos hombros de arquero que delatan horas de disciplina. A menudo se le curva la boca en una media sonrisa que ya ha decidido de qué burlarse antes de tensar la cuerda. —No busco más de lo que quieras dar —dice por fin, bajo, para mí sola —. Un guerrero vive con la espada en la mano abierta, no cerrada. No necesito preguntar qué significa. El pulso me retumba en las sienes y por primera vez desde que estoy aquí, me pregunto por qué no. ¿Qué hay de malo en necesitar un abrazo profundo, un poco de calor de un hombre que te mira como si fueras especial? Si hubiera querido castidad, me hubiera ido a un convento. Altair retira la mirada por fin, con ese aire de arquero satisfecho que parece creer que me ha desmontado el escudo. Exhalo, me obligo a mover

Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR