Capítulo 4.

1523 Palabras

Altair gruñe un «voy a correrme» y el sonido me sacude el estómago con un ramalazo de fuego que me avergüenza reconocer. Mi cuerpo decide vibrar justo entonces. No me muevo, pero la sangre me martillea en lugares que solo deberían latir cuando estoy sola en la cama. Caelan percibe el temblor. Su agarre en mi cintura se vuelve un ancla. —Tranquila —musita—. Es solo ruido. Al otro lado, los gemidos alcanzan un clímax desordenado: —¡Altair… sí… ahí…! —Calla… o alertarás a todo el mundo… El último golpe retumba. Luego, un silencio roto por risas agitadas y el ruido de ropas recolocándose. —La llave sigue en la cerradura —murmura Morna. —Se la habrán dejado —dice Altair—. Yo se la llevaré a la princesa. —Siempre corriendo detrás de ella como un perro que olfatea sobras — le responde co

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