Capítulo 27.

1433 Palabras

Está serio. Tan serio que duele. Su mano está sobre la mía, pero ya no es una caricia. Es un pacto. Estoy a punto de contestar cuando tres golpes discretos suenan al otro lado de la puerta. Uno. Dos. Pausa. Tres. Exactos. Cortos. Silenciosos, pero con urgencia. Caelan se incorpora como si le hubieran clavado una pica en la columna. La manta cae. Su cuerpo entero, aún desnudo, se tensa como una cuerda lista para el disparo. En un solo movimiento felino agarra la daga del suelo y avanza hacia la puerta sin hacer ruido. —¿Capitán, está ahí? —pregunta una voz conocida al otro lado. Broen. Caelan no responde. Solo ladea el rostro, atento, con el arma en alto. La hoja refleja el primer rayo de luz que se cuela por las rendijas. —Mierda, capitán, soy yo. Estoy solo. Tres gotas secas, una la

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