La nueva vida de Alexandra. Capítulo seis.
Las cosas se estaban poniendo muy feas para Alexandra, el panorama que le aguardaba era bastante desolador, después de los golpes que le había propinado la enfermera, nuevamente la drogaron, pero esta vez no la dejaron en el pabellón sino que decidieron encerrarla en una espantosa cloaca dónde le darían la estocada final para obligarla a perder la razón.
– Quiero que la tengas a pan y agua, que la encierres en esa celda día y noche y que la sometas a los peores castigos – ordenó el director.
La enfermera lo miró con ojos de satisfacción, dispuesta a cumplir sus órdenes a cabalidad, odiaba a Alexandra, la repudiaba por no haber podido con ella, por no haber podido doblegarla tal como hacía con todos los demás pacientes.
– No se preocupe, eso déjemelo a mí, le aseguro que en menos de lo que se imagina esta muñequita estará convertida en una piltrafa humana – contestó ella con un brillo despiadado en la mirada.
– así me gusta, no quiero errores, porque quien pagará las consecuencias serás tú–Advirtió.
En tanto en la empresa de los Cooper, las cosas no iban tan bien cómo Veronica había imaginado, no podía con la responsabilidad, no sabía cómo afrontar las diferentes situaciones que la empresa demandaba.
– Veronica, tienes que firmar estos documentos, recuerda la reunión con los empresarios que van a colaborar con nosotros en el nuevo lanzamiento – le comunicó Mark.
– Detesto que me estés recordando las cosas, sé muy bien lo qué tengo que hacer, ya no me molestes, estoy abrumada, quiero salir, despejarme – expuso ella visiblemente molesta.
– A mi no me culpes de las decisiones que tu misma tomaste, ¿Querías ser la presidenta de la compañía Cooper?, Pues ya lo eres, y ahora tendrás que lidiar con eso – le dijo .
– No juegues con mi paciencia Mark, te juro que si vuelves a intentar menospreciarme, las consecuencias para ti serán terribles, ya me conoces y sabes perfectamente que no me ando con juegos a la hora de ser implacable – lo amenazó.
– Deja de tratarme como si fuera uno de tus sirvientes Veronica – le dijo mientras le apretaba fuertemente el brazo.
– Suéltame animal, me estás lastimando – contestó tratando de safarse.
– Te recuerdo que si yo caigo, también tú lo harás, así que no intentes venir a amenazarme, porque te puede salir muy caro mi amorcito – sentenció .
Veronica estaba furiosa, las cosas le estaban saliendo muy mal, por una parte las responsabilidades de la empresa, y por otra estaba perdiendo el control de su cómplice, lo cual no le gustaba, pues se sentía expuesta y por demás vulnerable. Decidió irse temprano de la empresa, lo único qué la hacía sentir mejor era saber que su hermana mayor la estaba pasando terrible encerrada en aquel espantoso lugar, su mente era tan retorcida que decidió visitarla una vez más, para constatar con sus propios ojos el calvario al cual estaba siendo sometida Alexandra. Cuando ingresó a las instalaciones de la clínica, un gesto de satisfacción se dibujó en su rostro, disfrutaba imaginarse las torturas que su hermana estaba sufriendo. El director de la clínica ya la esperaba, e inmediatamente la hizo pasar.
– Espero que estés cumpliendo con tu parte del trato, te pago bastante dinero para que hagas lo que yo quiero, ¿qué avances me tienes? – Inquirió Veronica.
– La muchacha no es fácil de doblegar, se nos estuvo poniendo muy difícil, por lo que tuve que recurrir a métodos más drásticos – informó.
– Te recuerdo que no quiero que la mates, no se les vaya a pasar la mano, sólo quiero que sufra, y mucho, pero no pueden asesinarla por ningún motivo – advirtió.
– No se preocupe señorita Cooper, los métodos de tortura son para volverla loca, para quitarle la voluntad, pero no morirá, aunque deseará querer hacerlo – le dijo.
– Eso es lo que quiero, que sufra, qué me suplique piedad, y ahora quiero verla, llévame hasta donde está – ordenó.
– ¿Estás segura qué quiere que la lleve a ese lugar? Ese no es un sitio para una señorita como usted – contestó.
– No te estoy preguntando, te estoy ordenando que me lleves hasta donde la tienes, y hazlo rápido porque estoy empezando a perder la paciencia – espetó con furia.
Dicho lo anterior, el retorcido director la llevó al sótano donde se hallaba Alexandra, era un lugar en ínfimas condiciones, con un olor insoportable, hasta la misma Veronica puso expresión de desagrado al acercarse. Había ratas y cucarachas por todos lados, el lugar estaba sucio y polvoriento, la joven se encontraba en el suelo, se veía desalineada y con moretones por todos lados, los signos de tortura eran evidentes, el tormento al que la estaban sometiendo saltaba a la vista, lo cual alegró de sobremanera a Veronica, quien comenzó a reírse abiertamente.
– Mira nada más donde terminó la hermosa Alexandra Cooper, si pudieras ver lo miserable que eres ahora, creo que preferirías mejor morirte, pero es lo menos que te mereces desgraciada, apenas comienza el infierno que tengo preparado para ti, sufre, retuércete en el piso como la cucaracha que eres, te odio, y te odiaré siempre– le dijo la malvada mujer.
Veronica salió del lugar con el ánimo recargado, para ella ver a su hermana en esas condiciones significaba la satisfacción más grande, era un triunfo que su más grande rival estuviera sufriendo tanto. Por otra parte Mark se estaba cansando de qué Veronica lo humillara y lo tratará como un pelele, era un tipo muy astuto, así que estaba planeando muy bien sus cartas para lograr sacarla de la jugada en la menor oportunidad que se presentara. Veronica seguía llamándolo insistentemente, pero él había decidido castigarla donde más le dolía, así que no le contestó, salió de la empresa y fue a refugiarse en los brazos de otra mujer, constantemente le era infiel, pues para el Veronica no significaba nada, sólo era la plataforma que necesitaba para poder escalar y convertirse en un hombre poderoso, por lo que aprovechaba su dinero para gastárselo con infinidad de amantes. Los días pasaban y Alexandra se veía cada vez más desmejorada, su piel lucía pálida por la falta de sol. Las enfermeras encargadas de Alexandra, disfrutaban de sobremanera todo lo que le hacían, cada gente en ese lugar actuaba como seres sin escrúpulos, sin corazón, dispuestos a toda clase de atrocidades con tal de cumplir con la misión encomendada con cada una de las personas que se encontraban encerradas allí. Alexandra sentía qué se le acababan las fuerzas, cada vez su mente divagaba perdiendo el control de sí misma, pero en los pocos momentos de lucidez, tomó la determinación de marcar en el suelo las horas y los días en los que se encontraba, tratando de no perder el rumbo.
– No van a lograr que me vuelva loca, no lo harán, acomodé lugar voy a salir de aquí y me vengaré de todos los que me hicieron esto, no te saldrás con la tuya Verónica, algún día vas a pagar por toda tu maldad – repetía desesperada.
La sed de venganza hacía que Alexandra fuera recuperando poco a poco sus fuerzas, y decidió que si ella viviría un infierno, quién es la torturaban, lo vivirían también, y fue de esa manera que comenzaría con un nuevo plan de supervivencia para ganar tiempo, tenía que pensar muy bien en cada paso que daba, pues cualquier descuido podía arruinarlo todo. Y así fue pasando el tiempo, cada enfermera, médico o guardia de seguridad que intentaba acercarse a ella, recibía fuertes golpes, mordidas, arañazos e insultos. El director pensaba que se les estaba pasando la mano con los medicamentos, así que decidió disminuir la dosis, y ya no inyectárselos directamente, puesto qué sería mucho más complicado para poder doblegarla, por lo qué pensaron en suministrárselos a través de la comida o bebida. Alexandra actuaba como un animal salvaje, al menos en su presencia, porque cuando estaba a solas, trataba de actuar en forma racional para no terminar convirtiéndose en esa aberración que les hacía creer a esos empleados infernales.