La nueva vida de Alexandra. Capítulo siete.
Tres meses han pasado desde que Alexandra fue despojada de su libertad y obligada a vivir un verdadero infierno para arrebatarle lo que le pertenece, los médicos, enfermeras y guardias de seguridad se han ensañado con ella debido a que no pueden obligarla tal como hacen con los demás pacientes. Cada vez les resulta más difícil acercarse a ella e inyectarle las sustancias que poco a poco van desestabilizando su mente, por lo que se vieron en la necesidad de suministrarle dichas drogas en los alimentos o en la bebida. Más que un ser humano, Alexandra se encuentra reducida a una bestia salvaje, o al menos eso es lo que les ha hecho creer, a la clínica ha llegado una nueva enfermera, una mujer totalmente distinta al personal que trabaja en el macabro lugar, por lo qué a Margaret, la enfermera del terror se le ocurrió que Diana podría ser perfecta para hacerse cargo del cuidado de Alexandra.
– Aquí las cosas no son como en los lugares donde estás acostumbrada a trabajar Diana, pero si quieres conservar el empleo debes ver, oír y callar, nada sale de este sitio, te lo digo por tu bien, porque si no las consecuencias podrían ser fatales para ti, claro – Amenazó Margaret provocando pánico en la joven enfermera que recién ha ingresado.
– No se preocupe, yo sólo estoy aquí para trabajar, y mientras no me pidan hacer cosas ilícitas, no tendré ningún problema con acatar indicaciones – Contestó Diana.
Margaret sonrió en forma maliciosa, sabía perfectamente que en ese lugar si se practicaban actos ilícitos, pero no pensaba decírselo a ella, pues no quería que saliera huyendo y mucho menos que pudiera ponerlos al descubierto.
– Estarás destinada al cuidado de una paciente, es una mujer desquiciada y muy peligrosa, debes tener mucho cuidado con ella, ya que si te confías podría darte una paliza o en el peor de los casos escapar, te recuerdo que eso no te conviene, abre bien los ojos y no te acerques más de lo que debes – Advirtió.
Diana sintió mucho miedo al escuchar las palabras de Margaret, le aterraba la idea de tratar con una persona con esas características, ella era muy buena enfermera y le había tocado lidiar con casos complicados, pero algo como lo que le estaban describiendo jamás, así que con mucho cuidado se dirigió al sótano donde tenían recluida a Alexandra. La joven enfermera vio con horror el lugar, le pareció cruel e inhumano que pudieran tener a alguien en esas condiciones, No obstante, decidió quedarse callada, ya que si estaba en ese lugar no era por gusto, sino por necesidad.
– Aquí la tienes, como podrás darte cuenta es una bestia salvaje – Informó Margaret señalando a Alexandra quien se hallaba en el suelo.
– ¿Pero como pueden tenerla en este lugar?, Es inhumano, nadie merece estar en estas condiciones – Recriminó Diana .
– Por tu bien es mejor que no te metas donde no te llaman, no cuestiones lo que se hace, limítate a obedecer – Contestó Margaret.
Tocaba el baño de Alexandra, y como todos los días ella no se los puso nada fácil, y luchaba con todas sus fuerzas para evitar que le pusieran las manos encima, la llevaban arrastrando a uno de los patios, donde empezaban a someterla y empaparla con agua fría, el cuerpo de la joven se contraía a causa del inclemente invierno. Ella estaba expuesta ante las miradas de todos, algunos la miraban con morbo, otros con aberración, y muchos también con indiferencia, para ellos Alexandra sólo era un objeto al cual poder sacarle dinero. El perverso espectáculo fue demasiado para Diana, ella no tenía maldad en su corazón, y presenciar algo como eso le pareció lo más espeluznante que hubiese visto, quiso escapar pero Margaret no se lo permitió, así que la alejó para hablar con ella y amenazarla como hacía con todo el personal de nuevo ingreso.
– ¿Adonde crees que vas jovencita? – Preguntó la enfermera mientras sujetaba fuertemente a Diana .
– No puedo con esto, así que me largo, lo qué hacen en este lugar es terrible, no es para nada una clínica normal, más bien parece un lugar de torturas, y yo no pienso trabajar aquí – Sentenció Diana .
– Piensa muy bien lo que dices, te recuerdo que firmaste un contrato de confidencialidad, y ya no podrás irte, al menos claro qué quieras qué te pase lo mismo que a ella o que a cualquiera de los pacientes que se encuentran aquí – La amenazó.
El corazón de Diana se sobresaltó , y no pudo evitar llorar amargamente por el terrible error que había cometido al decidir trabajar en un sitio como ese.
– Déjate de lágrimas tontas que no te llevarán a ningún lado, más te vale que hagas lo que te decimos si no quieres terminar igual que estas basuras – Dijo señalando a los pacientes.
– Vamos, levántate y ve a trabajar, que no se te paga para hacerte tonta, la paciente que estará a tu cuidado es un caso especial, así qué nada de ser condescendiente con ella, llévale la comida y ponle 10 de estas gotas – Ordenó.
– ¿Pero se ha vuelto loca? Si le pongo tanto medicamento podría ser fatal para ella, yo no pienso ser su cómplice en esta atrocidad – Advirtió Diana.
Margaret tomó a la enfermera por el cabello y le propinó un par de bofetadas, después empezó a zarandearla para obligarla a acatar sus indicaciones.
– No juegues con mi paciencia estúpida, si sabes lo que te conviene harás lo que yo te diga, ¿No quieres saber de lo que soy capaz verdad? – Le dijo amenazándola una vez más.
A Diana no le quedó más remedio que seguir las instrucciones de Margaret, pero no le puso el medicamento, algo en todo ese abominable trato que le daban a Alexandra no le parecía, me imaginaba que detrás de todo aquello había una obscura razón que poco a poco averiguaría. Le pidió al guardia de seguridad que se mantuviera cerca por cualquier cosa, pero ella avanzó con paso firme y decidido para llevarle la comida.
– Alexandra, mi nombre es Diana, voy a ser tu nueva enfermera, ahora seré yo quien estará A cargo de ti y de todo lo que necesites, no te asustes, yo no soy como los demás, te lo juro – Le informó ella profundamente conmovida al ver el estado tan lamentable en el que se encontraba.
– No voy a comer esa porquería, jamás lograrán volverme loca, antes prefiero morir de hambre – Respondió Alexandra.
– No temas, no le puse nada a la comida, me arriesgué desobedeciendo a Margaret, así que puedes comer tranquila y confiar en mí – Dijo en voz baja para que nadie más la escuchara.
– Estás mintiendo, eres mala como todos los demás, también tú quieres que pierda la razón, y ahora han decidido cambiar de táctica para que les resulte más fácil deshacerse de mí, malditos, los odio, algún día se arrepentirán de todo el daño que me están haciendo– Repetía la joven mientras lloraba amargamente.
Al escucharla hablar, Diana inmediatamente se dio cuenta de la terrible injusticia que se había cometido con Alexandra, asimismo, pudo constatar qué a pesar de todas las sustancias que ponían en su comida, no habían podido conseguir sus obscuros propósitos, por lo que seguramente ella no se estaba comiendo todo lo que le daban.
– Ellos piensan que has perdido la razón, cuando están presentes te comportas como un ser desequilibrado, pero al escucharte hablar me he dado cuenta de todo, pero no te preocupes no voy a decir nada, déjame ayudarte, si voy a estar en este lugar, por lo menos quiero hacer algo por las personas que están aquí – Expuso.
– Por fin, gracias Dios mío por escuchar mis súplicas, se nota a kilómetros que tú no eres como ellos, y si me ayudas, te juro que no me alcanzará la vida para agradecerte y te daré lo que me pidas – Propuso .
– Desde que te vi supe qué había algo extraño, conozco muy bien el comportamiento de una persona que ha perdido la razón, y en tus ojos no había señal de una enfermedad mental, sino odio y repulsión hacia esta gente – Reveló.
– No imaginas lo difícil que ha sido para mí sostener esta mentira, hacerme la desquiciada, soportar toda clase de torturas, golpes, insultos, humillaciones, incluso los estragos de las porquerías que me dan, he tenido que consumir alimento en muy bajas dosis para atenuar los efectos y el resto lo tiraba por la alcantarilla o se lo daba a las ratas y cucarachas que habitan en esta cloaca donde me han tenido casi desde que me trajeron – Relató.
– ¿Pero quien puede odiarte tanto como para haberte ingresado en este lugar? – Preguntó ella horrorizada.
– Nada menos que mi propia hermana, esa maldita que me ha odiado siempre, que ha envidiado todo lo qué he tenido, y quien no descansó hasta asesinar a mi padre y encerrarme en este lugar, lo que no entiendo es porque no me ha asesinado todavía, seguramente porque desea ver cómo sufro, no me explico que pude haberle hecho como para merecer semejante infierno – Le contó .
– Dios mío, pero cómo es posible que alguien pueda atreverse a semejante crueldad – Exclamó Diana.
– Pero algún día podré salir de aquí, y entonces te juro por lo más sagrado que fueron mis padres que no tendré piedad de ellos y les haré pagar uno a uno todo el sufrimiento que he tenido que vivir – Sentenció.
– Por ahora debes seguir actuando como lo has venido haciendo, ya no tendrás que preocuparte por los medicamentos, porque mientras yo esté a cargo no colocaré las dosis y al menos podrás alimentarte –
Prometió.
– Eres una bendición Diana, bendita la hora en que llegaste aquí, las cosas siempre pasan por algo y si tuviste que venir fue porque Dios te envió para ayudarme – Expresó.
– Yo tampoco creo en las casualidades Alexandra, y te prometo que juntas encontraremos una solución, sólo debemos actuar con cautela, porque si nos descubren entonces todo habrá terminado – Señaló la enfermera.
En el rostro de Alexandra se dibujaba por primera vez en mucho tiempo la esperanza, existía un rayito de luz entre tanta oscuridad, juntas sería mucho más fácil encontrar una salida para que ambas pudieran escapar de aquel infierno Y tal vez comenzar de nuevo.