La nueva vida de Alexandra. Capítulo ocho.
Con la llegada de Diana a la clínica, una nueva esperanza se vislumbraba en el horizonte para Alexandra, por primera vez en mucho tiempo sentía un atisbo de fe de qué tal vez algún día podría salir de aquel espantoso sitio. Cómo todas las mañanas, Margaret hacía su acostumbrada ronda con todos los pacientes, con esas visitas podía informar al perverso director sobre el estado de cada uno de ellos. Esta vez Alexandra no hizo ningún intento de golpearla, lo cual resultó bastante extraño para la despiadada enfermera Margaret, así que le pidió a Diana que evaluara a la joven y que de ser necesario le pidiera al médico pasar a revisarla, pues al final de cuentas no podían asesinarla, y tal vez las condiciones tan deplorables en las que la tenían estaban comenzando hacer sus estragos.
– Diana, la fiera está bastante tranquila, eso es muy extraño, quiero que vayas y la revises, llama al médico si crees que lo necesita – Ordenó.
Diana se preocupó, pues estaba empezando a tomarle cariño a Alexandra, y temía qué las condiciones en las que se encontraba pudieran haberle causado algún problema grave de salud. El guardia de seguridad le permitió el acceso a la celda donde tenían a Alexandra, así que la enfermera pudo ingresar para poder verla, al principio se preocupó al verla cabizbaja y sin fuerzas, su actuación era tan natural que de verdad pensó que podía tratarse de alguna enfermedad.
– Me dijeron que estabas enferma, qué no atacaste a Margaret y eso les resultó muy extraño, ¿Te sientes mal? – Preguntó Ella preocupada.
– Acércate Diana, tengo que decirte algo – Le pidió en voz baja.
– Claro que sí, dime, aquí estoy para ayudarte – contestó.
– No estoy enferma, pero les haremos creer que sí, de esa forma no tendrán más opción qué sacarme de este lugar, y tal vez te encomendarán a cuidarme y así será más fácil qué podamos planear la forma de escapar de aquí – Propuso.
– Pero es muy arriesgado lo que pretendes hacer, si nos descubren estaremos perdidas – Comentó Diana.
– Que otra cosa podrían hacerme que no me hayan hecho ya, si tuvieran la intención de matarme desde hace mucho tiempo lo hubieran llevado a cabo, por alguna extraña razón me quieren tener viva, así que voy a aprovecharme de eso – Dijo con un brillo extraño en la mirada.
– Es verdad, a mi también me resulta extraño que tu hermana no te hubiera eliminado en lugar de encerrarte en este lugar – Señaló.
– Veronica es una mujer perversa que disfruta viéndome sufrir, pero ese será su peor error, te aseguro que algún día voy a salir de aquí, y cuando lo haga, haberme dejado viva será su perdición – Exclamó con firmeza.
– Esos infelices se han ensañado contigo y deben recibir su merecido por todo lo que te han hecho, y no sólo a ti, si pudieras ver las atrocidades que cometen con las personas que están encerradas aquí en contra de su voluntad, veo que un horror todo lo que les hacen, el sufrimiento de niños, adolescentes y adultos mayores, es terrible, yo ya no puedo soportar más este infierno – Relató Diana con profundo sufrimiento.
– Sólo es cuestión de esperar un poco, te aseguro que toda esta organización criminal va a caer, y cuando llegue ese momento, voy a disfrutar viendo como el castigo los alcanza – Contestó.
– Sólo espero llegar a tiempo para poder ver a mi hermana una vez más, ella está muy enferma, le queda muy poco tiempo, los medicamentos para el dolor eran muy costosos y por eso tuve que venir a trabajar aquí, aún cuando este lugar me daba mucho miedo y siempre tuve un mal presentimiento – Expresó.
– Entonces debemos darnos prisa Diana, tienes que informarle a Margaret sobre mi estado de salud, debe ser algo convincente, algo de lo que no puedan dudar y que pueda llevarnos hasta donde nosotros necesitamos, tú eres enfermera y sabrás mejor que yo lo que tienes que decir– Explicó.
– No te preocupes, se me acaba de ocurrir la idea perfecta para que no sospechen absolutamente nada, todo saldrá tal como queremos – Prometió.
Una vez que se hubieran puesto de acuerdo, Diana salió del sótano y fue directamente a informarle a Margaret sobre el supuesto estado de salud de Alexandra, a pesar de qué la joven enfermera sonó muy convincente, la malvada mujer prefirió constatar con sus propios ojos que lo que le estuvieran diciendo fuera verdad, así qué fue a la celda donde estaba para verificar la enfermedad de la chica. La actuación de Alexandra era muy natural, no era difícil poder fingir, puesto que lo pálido de su rostro y la delgadez de su cuerpo por la falta de alimentación aportaban lo suficiente para que el escenario pareciera real.
– Pues sí, la verdad es que se ve muy mal, no se nos vaya a morir, ni modo, no quedará más remedio que sacarla de aquí y llevarla a una habitación aislada de los demás pacientes, hay que actuar rápido, no vaya ser que se nos eche a perder el negocio y se acabe la mina de oro, Diana, llama a los guardias y diles qué la lleven a una habitación – Indicó.
Las cosas estaban marchando mejor de lo que pensaban, Alexandra fue trasladada y en efecto pusieron a Diana a cargo de atenderla, el médico la revisó y les dio las indicaciones pertinentes para su tratamiento.
– Por fortuna todo está saliendo tal como lo planeamos, pero tenemos que ser muy cuidadosas, porque si nos descubren todo estará perdido – Dijo Diana.
–Las cartas están echadas, ya no hay marcha atrás, es la vida o la muerte, y sólo Dios tiene la respuesta de lo que pasará – Exclamó Alexandra.
Por otra parte, los planes de Veronica no estaban resultando para nada como ella pensaba, ser presidenta de una de las compañías más importantes a nivel internacional, no era una tarea nada fácil de cumplir, imagino que todo le resultaría perfecto, pero ella carecía de la inteligencia que su hermana si tenía, por eso Lucas Cooper la había nombrado a ella y no a Verónica, pensar en todo aquello la enfurecía, no soportaba sentirse como una perdedora, Mark trataba de equilibrar la situación, pero tampoco poseía las capacidades que un verdadero CEO debería tener.
– Veronica, las cosas no pueden continuar así, estamos perdiendo mucho dinero, varios contratos han sido rescindidos desde que se anunció la supuesta enfermedad de Alexandra – informó Mark.
– Maldita miserable, no puede ser que desde donde estás me sigas haciendo la vida imposible, no te imaginas cuánto te desprecio, quisiera matarte con mis propias manos, hacerte pedazos, pero lamentablemente no puedo, el viejo decrépito de mi padre se encargó de protegerla hasta el final, así que no me quedará más remedio que mantenerla con vida, pero eso sí, va a sufrir lo indecible, eso te lo juro Mark – Espetó con rabia.
– Ya, deja de pensar en venganzas estúpidas y mejor concéntrate en lo verdaderamente importante, tenemos que salir de esta situación si no la empresa se va a desplumar y lo vamos a perder todo, porque no eres consciente del problema en el que estamos metidos – Le recriminó.
– Encárgate tú, que para eso te pago, y bastante bien te recuerdo, y más te vale que encuentres una solución, porque no quieres conocer mi lado malo – Advirtió.
Al escuchar las palabras de Veronica, Mark salió de la oficina hecho una furia, le molestaba la forma en que ella lo trataba, así que tendría que hacer algo para deshacerse de ella cuanto antes puesto que ya no la soportaba, pensaba en lo diferente que sería todo si quien estuviera con él fuera Alexandra, ella si era una mujer de verdad, con el cerebro suficiente como para poder sacar adelante la empresa sin ningún problema, además de la gran belleza y personalidad que Verónica ni en sueños podía aspirar a tener. El despilfarraba grandes cantidades de dinero, derrochaba a manos llenas, y por primera vez estaba llevando la vida que deseaba, disfrutaba serle infiel a Veronica con múltiples mujeres, pues no sentía por ella ni el más mínimo amor, la mujer de sus sueños siempre fue Alexandra, era por ella porque en el suspiraba, pensaba en la joven con tristeza, pero por más que quería no podía ayudarla, puesto que si su hermana se llegaba a enterar le quitaría todo a lo que ahora tenía acceso, y eso para nada le convenía. Por otro lado, Margaret informó al director sobre la enfermedad de Alexandra, y mientras le contaba, una profunda preocupación se dibujó en el rostro del siniestro médico.
– Creo que se nos ha pasado la mano con esta chica, quiero que reciba todas las atenciones, por ningún motivo podemos permitir que se nos muera, su hermana fue muy clara con eso, sólo debíamos torturarla, hacerla sufrir, así que por ahora los castigos para ella están prohibidos– Ordenó.
– Señor, le recuerdo que ya falta sólo una semana para la fiesta qué ese millonario loco hace todos los años en esta clínica – Le dijo.
– Maldita sea, y con todos los problemas que tenemos, no recordaba esa dichosa fiesta, pues ni modo, hay que empezar a prepararla, ese festejo deja mucho dinero a las arcas de este lugar, selecciona muy bien a los juguetes que usaremos para complacer a nuestro pervertido amigo, nada puede salir mal, si no ya sabes que nos podría costar la cabeza – indicó.
– Usted no se preocupe, déjelo todo en mis manos que yo me encargo – concluyó.
Margaret se retiró de la oficina del director, tenía mucho trabajo por hacer, esa fiesta era uno de los acontecimientos que les dejaba significativas ganancias, cada año ese excéntrico millonario, que además estaba completamente desquiciado, festejaba su cumpleaños en ese lugar, cumpliendo toda clase de fantasías con los indefensos pacientes que allí se encontraban, causándole todo tipo de sufrimientos, aquella era una fiesta terrible, llena de excesos y de descabellados actos que ningún ser humano tenía porque vivir.