Dehy En esa mañana, el calor era predominante. Ni siquiera los cinco ventiladores apuntando hacia nosotros nos salvaba. No estaba para café y eso que eran las ocho de la mañana. —Aqui tienes —comentó la mujer. Yo fruncí el ceño. —H-hace calor —protesté. —Lose pero pronto llegará tu príncipe. Suspiré. —¿Por quién apostaste tú..? —pregunté dudosa. —Obviamente por ti. No esperaba que me dijera eso ¿Acaso escuché mal..? —No pensé que me tuvieras fe. —No la tengo —dijo. Levanté una ceja confundida sin entender. —¿Y entonces..? No pudo replicar nada, porque entró Francisco. Eran las 8:23am. —Era esperable verte —dijo sin mirarme. —¿Acaso ya me extrañabas..? —quise saber sonriente. —No. Puse los ojos en blanco y él me miró. —¿Por qué me volteas los ojos..? Es irrespetuoso. —

