Dehy
Al día siguiente pensé que sería la mejor opción para encontrarlo. Eso es lo que hice, empecé a caminar en su dirección. Estaba entrando a su gran edificio.
Suspiré, a pesar de todo: se veía más guapo que nunca.
Con su traje a juego con sus ojos azules, los cuales a veces eran negros.
Trago saliva y me acerco corriendo hasta llegar enfrente de el.
—¿No te cansas?
—¡No! ¿Cómo ha estado tu día? —pregunto con entusiasmo.
—Estaba bien hasta que te ví.
Después de decirme esas palabras, se dió la vuelta y tocó la puerta para ingresar.
Mi sonrisa se borro.
—Te traje el desayuno como no viniste a la cafetería y...
—No me interesa —dijo simplemente y en ese instante no dije nada, pude ver como el desaparecía por la puerta.
—¡Idiota! —musité antes de darme la vuelta, aunque no vencida.
¡No me vencerá!
Talvez era terca y de las personas más locas que pudieses conocer. Pero, sabía cómo eran las personas.
O eso pensaba.
Me encontraba en el café, esperando al día siguiente. Tenía la esperanza de verlo, cuando de pronto una mujer se me acerco.
Tenía puesto una camisa a cuadros y era algo robusta.
—¿Otra vez tu por aquí..? —quiso saber.
—¿La conozco..? —pregunté algo dudosa.
—No, lo dudo
—Entonces...
—Pero te veo aquí cada día, sé que esperas al muchacho del traje.
—Si, ese mismo —coincidí.
—Entonces... Hicimos una apuesta —comentó y yo la miré con una ceja levantada, incline mi cuerpo levemente hacia atrás.
—¿Una apuesta..? ¿Que tipo de apuesta? —pregunto.
—Si él te invita o no a salir.
—¡Oye! —reclamé.
—Se que no tienes dinero...
La miré sin entender porque me decia eso.
—¿Cómo sabes eso..?
—Te veo siempre contar las monedas, no entiendo ¿Por qué tanto esfuerzo..?
—Solo... Quiero conocerlo.
Ella me da palmadas en el hombro.
—Admiro lo persistente que eres niña.
—No tengo mucho que hacer —dije con sinceridad y me encojo de hombros.
—Te daré un café gratis cada día durante un mes —dijo con simpleza.
—¿Estoy soñando..? —musité.
Me pellizque y seguía despierta.
—No... —dijo pero estire la mano para callarla.
—Dejame intentarlo de nuevo.
Y de nuevo me pellizque.
—Niña ¡Deja de hacerlo!
Entonces... ¿Estoy despierta?
—Si —dijo con cansancio.
—Pero...
—¡Ahí viene! —comentaron unas meseras.
Yo miré confundida el alboroto, ¿De qué me había perdido..?